La decisión que jamás pensé tomar

#yoconfieso

Cuatro meses han pasado sin enfrentarme a la hoja en blanco. No es un bloqueo creativo, ojalá mi cerebro se bloqueara de vez en cuando. El bullicio de ideas, personajes, historias… no se detiene, ni siquiera cuando estoy dormida. Mi mente funciona en narrativa y mi imaginación no tiene límites…

El miedo de sentarme a escribir tampoco se basa en la asociación que existía entre mis procesos creativos y el consumo de alcohol y mariguana. Ojalá fuera eso…

Aun cuando me sigo ajustando a la sobriedad y aprendiendo que “un día a la vez” se disfruta y no se sufre, fue algo muy consciente el decidir dejar de escribir sin causarme angustia.

Porque durante décadas la escritura fue mi herramienta de supervivencia y hoy no siento que deba salvarme ya de nada. Y entonces apareció la pregunta incómoda: ¿para qué escribo ahora?

Ciertamente era necesaria una especie de desintoxicación de la ficción también. Eso de hacer literatura con tu vida y escribir desde la herida, puede ser muy intenso y la posibilidad de desquiciarte es alta. Sí, el poder de la escritura como catarsis es muy fuerte, pero es igual de fuerte el desgaste emocional.

La gente muy cercana a mí está sorprendida de que no estoy escribiendo. Yo no. Ha sido liberador para mí no desgarrarme sobre el teclado. No extraño (todavía) esos trances en los cuales me sumergía para crear. A mí, varias veces, la escritura casi me cuesta la vida…

También está la parte práctica. No lo voy a negar. Es un chingo de trabajo escribir. Obra me sobra. Ya no me alcanzaría mi paso por este plano para leer todos los manuscritos que habitan libremente en mi computadora. Y después de diez años “persiguiendo el sueño”, me harté de la industria editorial y audiovisual. Los otros, los encargados de sacar mi voz al mundo, fueron quienes me provocaron el hastío y la desilusión para publicar y producir. Y quizá prefiero seguir marcando precedentes que ser autora o guionista. Continuaré rechazando y rescindiendo contratos hasta que no considere que las condiciones que me ofrecen son las idóneas para mí como escritora y para mi obra. No se imaginan lo duro que es entender que precisamente la industria hace todo por desaparecer a los creadores.

Pero todo esto es la punta del iceberg. Lo que realmente hay detrás, es el temor de descubrir mi nueva voz. Ahí radica el vértigo que siento cada día que no lleno hojas en blanco.

Porque si de por sí tenía muy pocos límites, hoy ya no existe uno solo. Y me causa pánico pensar de lo que sería capaz de hacer con las palabras. La potencia, el descaro, la fuerza y la honestidad de mi nueva voz no sólo serían un nuevo torbellino para mí, también para mis lectores.

Soy la primera que se sorprende con la evolución de mi pluma y más cuando en mi oficio también está integrada la IA. Siguen cuestionando el uso de esta herramienta tecnológica en procesos artísticos (y en general) cuando yo ya estoy en el punto de teorizar desde la academia la IA como amplificadora de creatividad.

Y por eso le doy la vuelta a sentarme a escribir. No es falta de inspiración o evasión o flojera. Es algo más profundo… es el paso que muchísimos escritores no se atreven a dar: la conciencia artística como rebeldía.

Una de mis frases era: siempre escribo para mí. Hoy ya no es así. Por eso sé que si no vuelvo a escribir no me va a pasar nada. Absolutamente nada. El dilema nace de saber que, si los privo de mi nueva voz, perdería la brújula que me guía: hacer de este mundo un lugar más justo y bondadoso para todos.

Y si de por sí ya le provoqué una gran grieta al sistema, sé que, si me atrevo a plasmar en palabras mi pensamiento libre de límites, puedo tumbarlo… pero lo que no sé es si alguien va a estar dispuesto a construir junto conmigo una nueva realidad en la cual podamos salvarnos los unos a los otros bajo el estandarte que siempre cargaré en mi lucha: el amor.

Gracias por seguir aquí.

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Sandra de Uriarte

13 de abril de 2026

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Autor: Sandra de Uriarte

Creative writer, bookworm, streaming junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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