Carta mis primeros lectores

#yoconfieso

Tras casi diez años escribiendo este blog, no es la primera vez que les dedico una entrada para contarles cosas relacionadas con mi carrera o para agradecerles que me leen, que comparten mis textos, que comenten, que me escriben o que simplemente regresen una y otra vez a este rincón de internet. Pero hoy quiero decirles algo muy especial.

Publicar es un acto extraño para cualquier escritora. En mi caso, no es tanto el miedo al éxito o al fracaso, sino el momento en que una obra deja de pertenecerme. Los manuscritos pasan de mis manos a las suyas y yo pierdo el control de lo que escribí. Con el tiempo entendí que tampoco soy responsable de todo lo que mis palabras puedan provocar en quien las lee, pero aun así siempre siento una mezcla de emoción y ansiedad cuando decido compartir algo que nació de este don y oficio que, honestamente, nunca pedí, pero que terminaron por elegirme.

Este blog fue el lugar donde aprendí a publicar.

Cuando lo diseñé y lancé jamás imaginé lo que realmente iba a ocurrir. Durante los primeros cuatro años escribí de manera anónima. Los temas que abordaba me parecían demasiado delicados para firmarlos con mi nombre. Después decidí revelar mi identidad porque, supuestamente, iba a publicar mi primera novela. Aquella publicación nunca ocurrió, pero el umbral ya estaba cruzado. No había forma de volver al anonimato.

Y aquí estoy, casi una década después de escribir aquella novela. Hoy existe un libro con mi nombre en la portada circulando por el mundo. Han sido semanas muy intensas intentando asimilar ese hecho.

Sin embargo, mientras procesaba que por fin era una novelista publicada, me di cuenta de algo mucho más importante.

Yo ya tenía lectores.

Mucho antes de que existiera un libro, ustedes ya estaban aquí.

Eso cambia por completo la historia.

Porque este blog nunca fue una estrategia para vender una novela. Fue un refugio. Un lugar donde podía pensar en voz alta, explorar ideas, denunciar aquello que me dolía, escribir sobre salud mental, feminismo, amor, violencia, eutanasia, inteligencia artificial o cualquier otro tema que necesitara sacar de mi sistema. Nunca seguí un calendario editorial. Escribía cuando tenía algo que decir.

Y siempre ocurría lo mismo.

Aunque desapareciera durante semanas o incluso meses, cuando volvía, ustedes seguían aquí.

Para muchos, las estadísticas de un sitio web son solamente números. Para mí nunca lo han sido. Detrás de cada visitante hubo una persona que decidió regalarme unos minutos de su tiempo. Alguien que llegó por una entrada compartida en redes sociales y terminó recorriendo otras páginas del blog. Alguien que hizo una pausa en medio de su día para leer mis palabras.

Como escritora, eso era exactamente lo que buscaba.

Lectores.

Nada más.

Claro que me han pagado por escribir y claro que la literatura también tiene un valor económico, pero si soy completamente honesta, el dinero jamás ha sido el motor de mi trabajo. De hecho, he invertido mucho más en escribir y publicar de lo que probablemente recupere alguna vez.

Lo que sostiene mi deseo de seguir escribiendo son ustedes. Ustedes son el motor.

Saber que alguien encuentra consuelo en un texto, que otro se enoja, que alguien más reflexiona o se apropia de una historia para darle un significado e integrarla a su experiencia personal…

Eso es un privilegio.

Escribir implica una enorme responsabilidad intelectual. Ustedes me recuerdan constantemente que no debo llenar hojas en blanco sólo porque puedo hacerlo, sino porque les debo honestidad, rigor y autenticidad. Quizá algunas veces no compartan mi manera de pensar, pero siguen regresando. Y esa confianza no tiene precio.

Con los años este blog también se convirtió en una casa.

Una casa donde otros escritores publicaron sus propios textos. Una casa donde aprendí a convivir con la crítica, la censura, el desacuerdo y, en ocasiones, con ataques personales que incluso llegaron a alejarme un tiempo de algunos temas sobre los que antes escribía con mayor frecuencia.

También fue aquí donde comprendí que cada lector termina escribiendo una historia distinta con las mismas palabras. Muchas veces me sorprende la interpretación que alguien hace de un texto mío y descubro que jamás habría imaginado esa lectura. Ahí entendí que la escritura es un puente construido entre dos silencios: el de quien escribe y el de quien lee.

Hace apenas unos meses dudé seriamente si quería seguir siendo escritora.

Pensé en cerrar el blog.

Pensé en no publicar mis novelas.

Pensé en abandonar proyectos audiovisuales que llevaban años acompañándome.

Atravesé una crisis de identidad profunda. Me pregunté para qué escribía, qué quería alcanzar con este oficio y si realmente deseaba seguir exponiendo mi voz al mundo.

Fue entonces cuando recordé algo muy sencillo.

Este blog.

Y a ustedes.

Me han leído más de 166 mil veces.

No podía darle la espalda a ese eco.

Comprendí que llevaba muchísimo tiempo tejiendo una conversación que nunca había dependido de un algoritmo, de una tendencia o de una campaña publicitaria. Había personas esperando mis palabras. Personas que me habían acompañado incluso cuando todavía no existía una garantía de que algún manuscrito mío llegaría a convertirse en un libro.

Por eso hoy quiero pedirles algo.

Me han leído aquí. Ahora necesito que también me acompañen allá afuera.

Que entren a una librería, busquen Todas las veces que fui mía y permitan que esa conversación que comenzó en este blog continúe en otro formato.

Mi primera novela está dedicada a mi padre. Muchísimas personas hicieron posible que llegara a las librerías y siempre les estaré agradecida. Pero si hoy existe un libro con mi nombre en la portada es también porque durante casi una década ustedes estuvieron del otro lado de la pantalla leyendo, comentando, cuestionando y acompañando mis palabras cuando todavía no había ninguna certeza de que este momento llegaría.

Gracias.

Gracias por haber convertido este blog en mucho más que una página de internet.

Gracias por recordarme, incluso en los momentos en que yo lo olvidé, que escribir sólo tiene sentido cuando alguien decide leer.

Mientras ustedes sigan aquí, prometo seguir intentando ofrecerles lo mejor que tengo.

Mi voz.

Mi trabajo.

Y la mejor versión de mí misma: la escritora.

Mi novela está ya disponible en los siguientes canales de distribución:

Librerías Gonvill (envío nacional en México)

Amazon (edición física en México y Kindle para lectores en algunos países de América, Europa y Asia)

Librerías independientes en la CDMX:

Casa Tomada

U-Tópicas

Herder México

Librerías independientes en Guadalajara:

Damiana Cafe

Próximamente llegará a más librerías en México como Gandhi y el FCE, ferias de libro y presentaciones.

Gracias, siempre, mis primeros lectores.

***

Sandra de Uriarte

Avatar de Desconocido

Autor: Sandra de Uriarte

Creative writer, bookworm, streaming junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

Deja un comentario

Descubre más desde Manuscritos Bipo-sapiosexuales

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo