Gracias, Gisèle

#yoconfieso

No seguí muy de cerca el caso, por simple dolor. No tenía que leer mucho para entender a Gisèle. ¿Saben? Cuando realmente sanas la violencia sexual, es duro escuchar más y más historias. No es necesario. Como sobreviviente, les reconozco que las historias pueden ser muy distintas, pero las consecuencias y emociones son las mismas para todos.

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La fortaleza de la solitud

#yoconfieso

Hace ya varios años, publiqué la entrada El placer de la soledad y es un texto muy reconfortante, que busca una conciliación con la soledad como estado liberador para hallar el verdadero amor, tanto a uno mismo, como a los otros. Es esperanzador el tono en esas letras, tratando de develar la importancia de saber estar solo.

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Fueron treinta años…

#yoconfieso

Tuve que esperar treinta años para sentir que se hizo justicia. El tiempo me dio la razón en todo y comienzan a llegar las disculpas con muchos años de retraso. Nunca me callé y un amante me dijo que estoy avanzada esos treinta años. “Nos llevas mucha ventaja.”

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Mi padre era el feminista

#yoconfieso

Creo que el cerebro de las mujeres de mi generación y mayores, está muy confundido y cargado de mandatos y roles de género. Todavía a mi madre le tocó un padre que no le permitió estudiar una carrera universitaria pues ella debía casarse, formar una familia y dedicarse al trabajo de hogar.  Pero mi historia, es completamente diferente y ahora veo que me educaron como hombre y nunca imaginé el caos que iba a ser mi vida por muchos años debido a la formación que tuve impulsada por mi padre enteramente…

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Génesis del sistema

#yoconfieso

Me alejé unas semanas de este espacio virtual porque caí presa de una depresión grave que me tumbó en cama muchos días y me provocó sensaciones desoladoras, hastío, indiferencia, un terrible cansancio y dolor de cuerpo. El detonante fue la pérdida de un trabajo, pero eso sólo fue la punta del iceberg. Lo que me llevó a la mierda fue haber estado nuevamente cerca de mucha violencia y una vez más comprobé que es el maldito sistema lo que genera la situación caótica en la cual no sólo yo estoy sumergida, sino la mayoría de las personas. Y esa situación está encaminada a la inminente entropía y decadencia.

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La batalla en morado

Diana Castillo

Hola, mis queridos lectores.

He extrañado mucho escribir, pero aquí estoy de nuevo en este espacio virtual y agradezco infinito a la gente que se toma el tiempo de leerme sin siquiera conocerme.

Hoy mi texto es realmente una catarsis a un tema que últimamente se ha destapado en demasía en redes sociales, medios de comunicación y como contenido audiovisual en muchas plataformas de streaming.

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Jamás pasaré al olvido

#yoconfieso

Ser inteligente, conlleva un alto precio. El otro día, conversando con una gran amiga sobre las relaciones personales y, más bien, sobre la forma que hoy en día terminan esas relaciones, le comenté: Te compro tu argumento, me convenciste. Su respuesta: Viniendo de ti, es un halago. Y el alto precio, es el sufrimiento. Ya no soy víctima ni victimario en ningún sentido, me convertí en sobreviviente y en sí no sufro, en lo absoluto, creo que estoy en el mejor momento de mi vida y me siento plena, pero, al mismo tiempo, agotada. Me duele el mundo, me duele la gente, me duele el escenario apocalíptico que enfrento, me duele la hipocresía y doble moral, me duele la violencia tan normalizada, me duele la falta de empatía, me duele… y el dolor más pesado recae en esa falta de un verdadero aliado, pero si algo apesta es la forma en la cual usamos y desechamos a los otros gracias a las redes sociales y la manera tan radical que cambiaron la forma de establecer vínculos gracias a la manipulación dentro de un “concurso de popularidad” donde sólo se puede ganar y ser feliz. En todo hay que ser el mejor, destacar y triunfar. La falsa felicidad de nuestra época. Si no tuviera un blog, no tendría siquiera cuentas en redes sociales. Y sólo uso Facebook porque en esa red social están mis lectores y es apta para que promocione mis entradas. Y cuando eres inteligente, te percatas de todo esto y repito: duele.

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Atravesando el cambio

#yoconfieso

Tengo 45 años y la M me está persiguiendo desde hace tiempo ya. Una tiene que estar alerta porque empieza sutilmente, como todo en la vida. Si te agarra desprevenida, puedes confundirla con un montón de cosas. Lo mío comenzó porque tuve una racha de sudoraciones nocturnas y bochornos al grado de levantarme empapada en las madrugadas para cambiarme la piyama.

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Graduación

#yoconfieso

Hoy es un día que pasará en mi historia como otro antes y después. Tras cuatro años en una terapia grupal de sobrevivientes de violencia sexual, emprendo el viaje sola y es mi momento de volar. El proceso terapéutico como tal no había concluido, lo que concluyó fue que formara parte de ese espacio, que fue mi lugar seguro por cuatro años. Mi paso por ADIVAC fue realmente el arranque de mi verdadera revolución. Si yo no hubiese encontrado esta asociación, es posible que sufriera mi vida hasta mi último respiro…

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Otra herida de guerra

#yoconfieso

Si les soy sincera, nunca me cruzó por la cabeza la idea de que yo podría tener cáncer. En mi familia no existe como tal esa enfermedad. Solamente mi abuelo materno murió de cáncer de estómago. Los demás han fallecido en accidentes, de viejitos —la muerte de los justos— o por demencias seniles. El miedo latente que existe en mí es precisamente desarrollar una demencia senil y se acrecentó ese miedo después de vivir el Alzheimer de mi padre. Jamás he sido hipocondriaca. Nunca he buscado en Google enfermedades o síntomas de nada. De hecho, me jactaba de tener una excelente salud física. Era muy usual que le dijera a mis doctores: no tengo nada físico, todo lo mío es mental. Y en parte es cierto. No sufro de gastritis o migraña. Nada me duele nunca. Es muy raro que me enferme y si pasa, no es grave. Tengo casi 44 años y ni siquiera me han quitado las anginas o las muelas del juicio, y porque las últimas ni siquiera me salieron (solamente el 10% de la población en el mundo no las tiene y es señal de evolución). No me he roto un hueso ni he tenido siquiera un esguince. No sufro ni de estreñimiento. Me he contagiado solamente una vez de Covid y, aunque sí fueron muy duros los primeros tres días, hasta la fecha no tengo una sola secuela.

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