Jamás pasaré al olvido

#yoconfieso

Ser inteligente, conlleva un alto precio. El otro día, conversando con una gran amiga sobre las relaciones personales y, más bien, sobre la forma que hoy en día terminan esas relaciones, le comenté: Te compro tu argumento, me convenciste. Su respuesta: Viniendo de ti, es un halago. Y el alto precio, es el sufrimiento. Ya no soy víctima ni victimario en ningún sentido, me convertí en sobreviviente y en sí no sufro, en lo absoluto, creo que estoy en el mejor momento de mi vida y me siento plena, pero, al mismo tiempo, agotada. Me duele el mundo, me duele la gente, me duele el escenario apocalíptico que enfrento, me duele la hipocresía y doble moral, me duele la violencia tan normalizada, me duele la falta de empatía, me duele… y el dolor más pesado recae en esa falta de un verdadero aliado, pero si algo apesta es la forma en la cual usamos y desechamos a los otros gracias a las redes sociales y la manera tan radical que cambiaron la forma de establecer vínculos gracias a la manipulación dentro de un “concurso de popularidad” donde sólo se puede ganar y ser feliz. En todo hay que ser el mejor, destacar y triunfar. La falsa felicidad de nuestra época. Si no tuviera un blog, no tendría siquiera cuentas en redes sociales. Y sólo uso Facebook porque en esa red social están mis lectores y es apta para que promocione mis entradas. Y cuando eres inteligente, te percatas de todo esto y repito: duele.

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Atravesando el cambio

#yoconfieso

Tengo 45 años y la M me está persiguiendo desde hace tiempo ya. Una tiene que estar alerta porque empieza sutilmente, como todo en la vida. Si te agarra desprevenida, puedes confundirla con un montón de cosas. Lo mío comenzó porque tuve una racha de sudoraciones nocturnas y bochornos al grado de levantarme empapada en las madrugadas para cambiarme la piyama.

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Y vuelve la mula al trigo…

#yoconfieso

Es cansado, sinceramente, bastante confuso y frustrante. Cada vez que creo que el trastorno bipolar ya no se va a manifestar, la loca de la cabeza me viene a decir, casi con carcajadas, que estoy muy equivocada. Un día cualquiera, mi mejor amiga me comentó que debía ya rendirme ante mi trastorno bipolar y, aunque entiendo perfecto a lo que se refería, justamente si me rindo es probable que me gane la batalla y, por lo menos, ahorita no estoy dispuesta a perder esa lucha, todavía no, y eso que llevo treinta años en esta guerra mano a mano con la loca de la cabeza

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Ojalá fuera poetisa

#yoconfieso

Puedo perderme en tu boca para encontrarte en mi corazón.

No encuentro explicación lógica. Será que en el amor no se piensa. Tampoco encuentro las palabras y me molesta. Ojalá fuera poetisa, sólo así podría escribir algo tan hermoso como lo es estar con él. Quiero hacer versos que rimen, jugar con analogías, crear metáforas… Pero no soy poetisa. Me entristece. Sólo con un poema le quedaría claro lo que me sucede cuando coincidimos en tiempo y espacio.

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Graduación

#yoconfieso

Hoy es un día que pasará en mi historia como otro antes y después. Tras cuatro años en una terapia grupal de sobrevivientes de violencia sexual, emprendo el viaje sola y es mi momento de volar. El proceso terapéutico como tal no había concluido, lo que concluyó fue que formara parte de ese espacio, que fue mi lugar seguro por cuatro años. Mi paso por ADIVAC fue realmente el arranque de mi verdadera revolución. Si yo no hubiese encontrado esta asociación, es posible que sufriera mi vida hasta mi último respiro…

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Otra herida de guerra

#yoconfieso

Si les soy sincera, nunca me cruzó por la cabeza la idea de que yo podría tener cáncer. En mi familia no existe como tal esa enfermedad. Solamente mi abuelo materno murió de cáncer de estómago. Los demás han fallecido en accidentes, de viejitos —la muerte de los justos— o por demencias seniles. El miedo latente que existe en mí es precisamente desarrollar una demencia senil y se acrecentó ese miedo después de vivir el Alzheimer de mi padre. Jamás he sido hipocondriaca. Nunca he buscado en Google enfermedades o síntomas de nada. De hecho, me jactaba de tener una excelente salud física. Era muy usual que le dijera a mis doctores: no tengo nada físico, todo lo mío es mental. Y en parte es cierto. No sufro de gastritis o migraña. Nada me duele nunca. Es muy raro que me enferme y si pasa, no es grave. Tengo casi 44 años y ni siquiera me han quitado las anginas o las muelas del juicio, y porque las últimas ni siquiera me salieron (solamente el 10% de la población en el mundo no las tiene y es señal de evolución). No me he roto un hueso ni he tenido siquiera un esguince. No sufro ni de estreñimiento. Me he contagiado solamente una vez de Covid y, aunque sí fueron muy duros los primeros tres días, hasta la fecha no tengo una sola secuela.

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Bloqueo creativo… posiblemente el fin

#yoconfieso

Un bloqueo creativo para mí significa una sola cosa: dolor. Es bien sabido que los escritores nos quejamos mucho del proceso de escritura y del oficio, no falla la imagen del escritor atormentado o desquiciado buscando la forma más original para contar una historia. Sé que no cualquiera se atreve a nombrarse escritor, pero si no tuviera que atender las trivialidades y actividades rutinarias de la vida, sería una autora prolífica, y no existiría motivo alguno por el cual me separaría de mi computadora. Cuando le doy la vuelta a sentarme a escribir, es porque el dolor es abrumador, la confusión es nauseabunda y el bullicio de ideas es inconmensurable, y me da miedo plasmarlo en palabras y convertirlo en algo eterno… he roto en llanto muchas veces mientras escribo y siento un orificio negro en el pecho que me jala y me devora, aunque el poder catártico de la escritura es muy fuerte, para mí todo cobra sentido a través del discurso narrativo y duele, duele mucho.

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Cuando a la bella durmiente no la despertaron con un beso

#yoconfieso

Saben que todo lo que vivo lo escribo. Me duele tanto tener abandonado este espacio virtual de puro desahogo, pero estoy escribiendo como nunca gracias a una maestría en guionismo que está acabando conmigo. Y esta entrada puede generar que alcance las 100K lecturas en mi blog de manera orgánica, veamos si se logra el objetivo…

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Ya nada más me falta nombrarte…

#yoconfieso

Ay, mi querida loca de la cabeza. Dominaba que podía contar contigo, que no ibas a abandonarme. Tuve que dormirte seis años, porque en tu última aparición casi me llevas y todavía tengo ganas de estar aquí, hay mucho por hacer aún y gracias a tu sueño profundo pude restaurar lo que rompimos juntas una y otra vez por muchos años.

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