Génesis del sistema

#yoconfieso

Me alejé unas semanas de este espacio virtual porque caí presa de una depresión grave que me tumbó en cama muchos días y me provocó sensaciones desoladoras, hastío, indiferencia, un terrible cansancio y dolor de cuerpo. El detonante fue la pérdida de un trabajo, pero eso sólo fue la punta del iceberg. Lo que me llevó a la mierda fue haber estado nuevamente cerca de mucha violencia y una vez más comprobé que es el maldito sistema lo que genera la situación caótica en la cual no sólo yo estoy sumergida, sino la mayoría de las personas. Y esa situación está encaminada a la inminente entropía y decadencia.

No soy antropóloga, socióloga o filósofa y cuando me atrevo a escribir desde mi pluma feminista me baso exclusivamente en mi experiencia y en la cantidad de libros, artículos y publicaciones académicas que he consultado sobre el tema, pero cada vez estoy más convencida de que el origen del contexto contemporáneo es el poder. 

Está presente en todos lados: familia, pareja, sexo, amigos, trabajos y en cualquier escenario social. Siempre han existido las figuras de autoridad y eso conlleva un abuso de poder que concluye en violencia. No es tan complicado, en realidad, y mientras existan jerarquías y relaciones verticales, va a brotar el poder y, por consecuencia, el ejercicio de la violencia. 

Perder el trabajo casi perfecto fue lo de menos. Lo culero fue haber soportado, y más hacia el final, una situación de abuso y maltrato por la persona que creía tenía poder sobre el equipo. Una persona inculta, ignorante, resentida, insegura y podría seguir, y lo único que pasó fue que se embriagó de poder y que ni siquiera tenía la facultad y habilidad de ejercer. Simplemente por ser el «jefe» adoptó conductas sumamente violentas. No me cansaré de decirles que la violencia radica en la intención de hacer daño a personas de confianza. 

Y aunque esta vez no viví violencia sexual, otra vez fui azotada por la violencia de género. Era la única mujer en un equipo de ocho personas y fue un martirio ser el único pez de otro color en una gran pecera. Mi sueldo era el más bajo. El reconocimiento siempre para alguien más, la culpa de lo malo enteramente mía. Tenía que soportar que me interrumpieran o no me dejaran hablar. Me tildaron de loca bipolar un par de veces y sobraron las faltas de respeto.

Y cuando estoy cerca de violencia, se dispara el trauma y, por ende, el trastorno bipolar. Por cuatro años me dediqué a sanar y resignificar la violencia que viví y ejercí por un par de décadas y recuerdo lo contenta que estaba cuando finalizó ese proceso terapéutico hace unos meses, pero lo que no contemplé es que el mundo no ha sanado y era muy probable que enfrentara nuevamente violencias y reviviera, entonces, las mismas emociones y estados de ánimo que genera la violencia. 

No hay una mínima o una máxima. La violencia es violencia. No deja siquiera un aprendizaje. Va escalando y son ciclos. Todos estamos inmersos en un sistema social que fomenta y consume la violencia. El que está hasta arriba le grita al que sigue en la verticalidad y así sucesivamente hasta llegar al punto de esclavitud. 

Me parece que esta vez fue más ruda la depresión precisamente porque pensaba que al haber sanado la instancia mente-emociones-cuerpo, el trastorno bipolar ya no se iba a manifestar y estaba muy equivocada. Se dejó venir con todo y por momentos pensé que no iba a encontrarle sentido a esto que llamamos vida.

Cuento con los recursos y tremendos médicos y terapeutas que me apoyaron para darle la vuelta a la depresión y me siento afortunada, pero otra vez y aunque no quiera, debo salir pronto y enfrentar al mundo. Un mundo violento.

Mi lucha no es de género, es sistémica. Quiero salvar a todas las personas, no sólo a las mujeres. Todos somos víctimas y victimarios de manera constante y si analizamos un poco las culturas y sociedades desde que el ser humano se convirtió en sedentario, el poder está presente. 

Es muy distinto el liderazgo y la mentoría para enseñar desde la experiencia que otorga sabiduría. Pero la gente tiene hambre de poder, de sentirse «el más chingón», de marcar diferencias y estoy realmente harta de rendirle pleitesía a personas poderosas. 

El tan famoso patriarcado es el sistema social que se basa en poder, jerarquías y roles de género. La combinación perfecta para que brote la violencia sin miramientos y siempre se alcanza el punto en el cual ya no es sostenible y concluye en situaciones incluso fatales. 

El gancho maldito con la violencia son la culpa y vergüenza y hasta que no te despojas de ellas, no serás capaz de romper el ciclo de violencia. Nombrarla te convierte en una persona incómoda y es muy común que te invaliden y te quieran mantener en el lugar de la víctima hasta que dices: basta ya.

Cuando te percates de la injusticia, del abuso, del maltrato y de situaciones violentas, se origina el cambio, pero tenemos narrativas únicas sobre lo que es la violencia y si un acto no concuerda con eso, no creemos que sea violencia.

El poder es algo que debe desaparecer. Las jerarquías discriminan y las relaciones debieran ser horizontales. Sólo así vamos a revertir el verdadero caos en el cual estamos porque todas las personas viven violencias que van desde el seno familiar hasta guerras entre países. Es un contexto global precisamente porque es sistémica y parece que nadie quiere aceptarlo.

Es muy duro cuando te percatas de todo esto y una vez que asumes el sistema, es imposible dejar de verlo y aparece el ansia de cambiar el mundo y procurar el establecimiento de una estado de armonía para todos donde reine lo único por lo cual vale la pena apostar: la paz. 

Romper silencios y hablar de violencias es el primer paso para erradicarlas, pero seguimos muy lejos de esa posibilidad de que reine la paz entre los seres humanos.

Hoy más que nunca estoy convencida de que todos esos trastornos emocionales y mentales que ya sufre la gran mayoría, tienen como elemento fundacional el trauma ocasionado por la violencia y se requiere de mucha fuerza, valentía y paciencia para sanar los traumas, pero hasta que no enfrentemos lo que hemos vivido y provocado, las cosas no van a cambiar.

Me atrincheré unas semanas para recuperar fuerzas, porque mi lucha seguirá mientras esté en pie y sólo espero que la vida me alcance para permear un verdadero cambio y lograr que todos vivamos en un mundo más justo, equitativo y libre de violencia. Ojalá…

Sandra de Uriarte

24 de septiembre de 2024

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Autor: Sandra de Uriarte

Creative writer, bookworm, streaming junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

5 opiniones en “Génesis del sistema”

  1. Me parece interesante la reflexión del poder, sin embargo, este no desaparece, todos, todo el tiempo estamos tratando de ejercer nuestro poder. La diferencia es la capacidad para ejercerlo, si lo hacemos a través de organizarnos o qué tan efectivos somos en su uso.

    Eso no va a desaparecer. Lo que puede cambiar es la intención del mismo, y no siquiera completamente eso, más bien es que la intención se alinee con la menor capacidad de ejercer daño a terceros.

    Tengo personas cercanas quienes enfrentan la depresión y veo las dificultades que ello representa, me da gusto que tengas la disponibilidad de los recursos para enfrentarla (los cercanos a mí afortunadamente también), pero tristemente la gran mayoría carece de ellos.

    Conozco una asociación llamada Ingenium que realiza educación sobre salud mental y parte de la misma la imparte personas con un diagnóstico de salud mental. Creo que tu caso, con todos los retos que enfrentas es un muy buen ejemplo de como vivir una vida así y salir adelante.

    Esto es un ejemplo de cómo ejerces TÚ poder, he estado leyendo y reflexionando, antes de escribir.

    La intención (explícita o no) de influir en los otros, fue clara en mí. Creo que también fue en una dirección positiva.

    Gracias.

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    1. Muchas gracias por leerme y haberte tomado el tiempo de compartirme esta reflexión que sin duda me puso a pensar y me tocaste fibras. Felices días. Un fuerte abrazo.

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      1. Gracias por responder.
        Me da gusto que te haga reflexionar, ese era mi único motivo.
        Sé que la salud mental siempre tiene un componente permanente, pero la experiencia de esas personas cercanas, de como han convertido sus vidas funcionales, me hace creer que eventualmente será lo mismo para tí.
        Habrá días buenos y malos, como a todos, pero justamente a eso llegarás, a saber que lo que te pasa, aunque en diferente grado, es también lo mismo por lo que pasamos los demás. Ojalá eso te haga recordar que todo pasa y que al final de cada episodio, siempre estarás bien.

        Me gusta leerte, hazlo tran frecuentemente como puedas y te guste hacerlo.

        Saludos

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