Varias veces he escrito que entré a una revolución sin darme cuenta. No desperté un día y, además de levantarme de la cama, levanté el puño con orgullo y decreté: soy feminista. El mismo horror del sistema me llevó a romper el silencio, alzar la voz, luchar y formar parte de la marea morada. Y ha sido una lucha rabiosa, de muchos años ya, y una de las consignas del movimiento lo dice bien: nos quitaron tanto, que nos robaron el miedo.
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