No cargo culpas.
Las dejé en el desierto junto con los fantasmas que me hicieron creer que amar estaba mal.
Lo mío ahora es nostalgia azul:
una memoria que duele, pero no condena;
un amor que existió, pero ya no me pesa;
un origen que me dio voz y me devolvió mi propia luz.
Azul porque es melancolía y también cielo.
Azul porque me recuerda lo profundo y lo infinito.
Azul porque puedo mirar atrás sin bajar la cabeza,
y mirar adelante con el corazón abierto.
No soy la adolescente rota,
ni la mujer que pedía reconocimiento.
Soy la que escribe, la que crea, la que transforma.
Y cuando la nostalgia me visite,
la recibiré como quien abre las ventanas a la mañana:
con aire fresco, con gratitud, con la certeza de que ya no es culpa,
sino memoria que me pertenece.
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Sandra de Uriarte
9 de octubre de 2025
