Mi estafa de amor en línea

#yoconfieso

Verán. Antes de juzgarme, recuerden que soy escritora, casi una ermitaña. Tengo nueve años encerrada en mi habitación llenando hojas en blanco y sangrando los dedos con el teclado. Mis trabajos y proyectos académicos son a la distancia. Si socializo es porque mis amores vienen a mi casa a verme y siempre con un buen tequila. Se me complica eso de conocer hombres. Tengo ya 45 años. Y no es que sienta que me hace falta un hombre y sí sé disfrutar mi soltería, la amo, de hecho, pero siempre es lindo tener a una persona «especial» en tu vida o, por lo menos, alguien con quien coger. Y soy curiosa, muy curiosa…

El caso es que también soy un peligro absoluto cuando estoy aburrida y abro Google en mi computadora. Y si es de noche peor, porque normalmente ya traigo tequila y mota encima. Lo único que me falta es entrar a la deep web, pero me da miedo siquiera intentarlo por aquello de que me boletinen por mi actividad en internet.

Pero anoche, puse en Google: mejores apps para conocer gente y ya ni sé cómo llegué al sitio en el que me entretuve cuatro horas. Era un paraíso cibernético. Ni siquiera había terminado mi perfil cuando una docena de hombres ya me habían saludado y escrito. Y eran todos guapos. ¡Ah, chinga! Esa fue la primera duda. Pero me acordé de que cuando yo usé Tinder hace más de quince años, se desbordaba la aplicación de hombres guapos y extranjeros. Desde el minuto uno algo me dijo: no es real. Pero, pues, estaba aburrida.

Empecé a hablar con tres hombres: un canadiense, un brasileño y un gringo. No se imaginan sus fotos. Y los perfiles. En fin. Todos hablaban perfecto el español. No mamen. Pero uno logró atrapar mi atención. A según era productor musical y compositor y en sus ratos libres era DJ. Por un momento, les juro que pensé que todo era real.

Después de un tiempo considerable en línea, me salió un pop up que me informaba que para seguir la conversación tenía que pagar. Dudé, claro que sí, pero según yo, no estaba nada caro. Dije: a ver qué pasa si pago. Tarjetazo.

Seguía platicando con el buen hombre. Me supo mantener en el sitio. Y, al poco rato, apareció otra vez el pop up para cobrarme. Fue cuando le dije al vato: no voy a estar pagando para hablar contigo.

Su respuesta textual:

Apenas nos conocimos hoy, es algo seguro para los dos, somos figura pública (no mamen, a la única persona que le importo, en realidad, es a mi madre), hay que tener cuidado, y es un esfuerzo para los dos, un compromiso para crear confianza.

No mamen. Pero volví a pagar. Ya no entro en detalles porque se me cae la cara de vergüenza, pero pagué una tercera vez. Total. Ya en la madrugada, le dije al vato que no podía más del sueño y ya no iba a pagar y es importante mencionar también que por un momento el güey quiso llevar la conversación hacia lo sexual y lo frené. Para cerrar, me dice el tarado: te mando una carta de buenas noches. Ni yo con ChatGPT escribo algo tan rápido y tan bonito. Jajaja.

Todo el tiempo algo me dijo que era una estafa, pero reconozco que por una hora o más, yo juré que había encontrado a mi marido extranjero. Y ojalá aquí quedara la historia, pero cuando me desconecté entré a mi app del banco y me fui de espaldas. Recuerden: pagué tres veces y yo pensé que eran 99 pesos. Eran dólares. Ustedes saquen la cuenta de lo que me costó hablar con un estafador.

Claro que cuando vi eso, me volví a conectar, ahí seguía en línea el estafador y me le dejé ir. Obvio me juró que era real y estaba equivocada al pensar en eso. Le menté la madre hasta que se volvió a acabar el crédito. Jajaja.

Una vez más comprobé que el amor no se encuentra en el mundo virtual y esta vez sí me salió caro.

Revisé con lupa el sitio y me di cuenta de que se apoya en demasía en la inteligencia artificial. Los perfiles, las preguntas con las cuales abren la conversación, las descripciones, fotos y videos… todo eso es IA. Y el sitio es perfecto porque calculo que por 10 perfiles falsos, hay uno real que es otro pendejo como yo pagando o quizá forma parte de la estafa para dar confianza de que sí son personas.

Los perfiles eran hombres muy guapos, de todos los colores y nacionalidades, cuerpazos, tatuajes, jóvenes, solteros o padres solteros, políglotas, profesionales exitosos, altos y absolutamente todos estaban buscando al amor de su vida y compañera de aventuras. ¿Ven por qué se me cae la cara de vergüenza? Mi mejor amigo me dijo: te creía más sagaz. Y yo también, pero les recuerdo que estaba aburrida, que yo llevo todo hasta las últimas consecuencias y siempre, siempre, estoy detrás de la ficción. A mí que nadie me cuente nada, tengo que vivir todo para poder escribir. Pero piensen por un momento que, si yo caí, una persona inteligente, que también sabe manipular con las palabras, está muy familiarizada con la IA y ni quiero pareja, ¿cuántas personas no habrán caído?

El sitio seguirá operando porque no creo que alguien se atreva a contar que fue víctima de una estafa por andar en internet buscando amor o sexo y menos a denunciar.

Pero ya saben que todo lo denuncio y lo escribo, pero lo que me duele a mí es cómo nos seguimos chingando los unos a los otros. El combo de inteligencia artificial y estafadores es muy peligroso. No estoy en contra de la revolución digital, estoy de acuerdo, me mantengo informada con fuentes confiables, me volví más productiva y sí creo que estamos por vencer a la muerte y alcanzar la vida eterna, pero como siempre: todo lo que se inventa o descubre, depende del uso que se le dé, puede ser algo muy benéfico o en perjuicio de la humanidad.

A mí me parece de lo más ruin aprovecharse de una ilusión. Es gente sola, vulnerable, posiblemente con relaciones fallidas, harta de aplicaciones de citas y redes sociales, del narcisismo y la falta de empatía. Y si llegas a un paraíso cibernético donde te prometen amor…

Seguiré cazando historias y quizá me va a matar un día la curiosidad y mis experimentos sociales, pero para ustedes estas palabras son una sincera advertencia de los peligros que conlleva la tecnología y si no estamos atentos, la inteligencia artificial nos va a ganar y ni cuenta nos vamos a dar.

Así las cosas.

Sandra de Uriarte

18 de octubre de 2024

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Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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