Mi complejo de salvadora

#yoconfieso

Sé que, en general, la humanidad está cansada. Además, parece que el tiempo pasa de manera veloz, como nunca antes, y un año se va en un abrir y cerrar de ojos. Quizá también sea la crisis de la mediana edad y más porque en un mes es mi cumpleaños 45. Sí me siento justo a la mitad de mi vida y me persigue el pensamiento de: si no es ahora, ya no fue. Pero mi crisis no se trata de un trabajo o dinero o esas cosas, esta crisis gira alrededor de mi revelación del complejo de salvadora que tengo y esta entrada será muy cruda.

Si tengo un complejo de salvadora es por al abandono. Tuve una familia unida, del deber ser, no me puedo quejar de eso, sinceramente, pero ese abandono proviene de mi madre y es muy duro percatarse de eso. Fue una madre presente, sin duda, pero cuando debió cuidarme no lo hizo y es una de las heridas más profundas que hoy tengo. Viví una violación en mi adolescencia y mi madre no me creyó, no hizo nada por mí, no volvió a preguntar nada y me condenó al silencio. Eso provocó que viviera dos décadas de violencia de género. Soy muy empática y me imagino que mi madre se sintió abrumada y no supo qué hacer. Si apenas comienza a hablarse de muchos silencios sociales, antes eran temas prohibidos. Pero sí se siente muy culero que la persona que te debe querer y cuidar de manera incondicional, no lo haga.

A veces siento que mi madre no quería ser madre. Pero tampoco tuvo mucha opción. Quería estudiar una carrera universitaria, pero mi abuelo no lo permitió pues le dijo que no pagaría esa educación, pues ella debía casarse y formar una familia.

Esa sensación de abandono, derivó en que me convirtiera en la salvadora de todos a mi alrededor. Y hoy sé que lo que realmente buscaba era validación, era atención, era apoyo… era amor. Y ese complejo de salvadora generó que me olvidara de mí en gran medida. Si de por sí vivo, como cualquier mujer, azotada por mandatos sociales, culturales y religiosos, la culpa casi que es mi fiel compañera.

Y toda esta reflexión me llevó a una crisis emocional dura. Sí soy empática, generosa, bondadosa y ayudo a quien puedo desde donde puedo. Pero sí se siente culero que luego nadie me pregunta siquiera cómo estoy. Y el conflicto comienza porque uno de mis mentores me lo dijo: quien no sirve a los demás, no sirve para nada. Es importante la reciprocidad, sin duda, pero me molesta el egoísmo natural, porque justo lo que necesitamos es hermanarnos, pensar en el otro, colaborar, respetar las emociones de los demás y generar comunidad.

Quizá también se trata de elegir mejor a quien salvar, pero el maldito sistema jode a todos. No me cansaré de repetir que mi lucha no es de género, es sistémica. Y ese sistema jode a todos. Todos. Nadie se salva, pero bien me lo dijo mi psiquiatra: el mundo es muy grande, Sandra, no lo puedes salvar sola.

Sé que debo salvarme ya a mí misma, pero no veo cómo dejar de preocuparme por los otros. Si logro que alguien ría, si puedo dar un buen consejo, si puedo dar acompañamiento emocional, si puedo ofrecer apoyo económico o si puedo ayudar en el plano profesional, ¿por qué no hacerlo? Claro que me he dado de topes porque me han utilizado y explotado muchas veces y evidentemente soy presa fácil de los narcisistas. Siempre creo que con mi amor los puedo salvar de ese trastorno de personalidad.

Lo más complejo para mí fue encontrar paz y equilibrio. Me tomó 30 años. Y es un estado que te permite sortear la vida de manera más fácil, madura y consciente, sin tanto drama y mucho menos violencia. Y sólo quiero que todos alcancen ese estado. Merecemos ser felices y no estar solos. Pero ese detestable egoísmo natural y la creencia de que «todo me pasa sólo a mí» complican mucho alcanzar paz y equilibrio.

Las redes sociales están cargadas de coaches y psicólogos. Unos muy buenos, unos muy malos. Y me alegra, por lo menos, que hoy comienza a gestarse esa necesidad y derecho de una vida saludable, con inteligencia emocional, salud mental y sin ningún tipo de violencia. Pero alcanzar ese estado de paz y equilibrio no se logra viendo contenido en redes sociales.

Hay que sanar. Todos tenemos traumas y es mucho más común de lo que creemos. Y para cambiar al mundo, todos debemos cambiar nuestro propio universo. Además de derrocar al sistema que se basa en jerarquías, poder y violencias de todo tipo.

Sé que debo establecer límites, aprender a decir que no, expresar lo que también siento y necesito y buscar mi bienestar, pero cuando te liberas del sistema y sanas emocionalmente, lo que más quieres es ayudar a los demás a llegar a ese estado de paz y equilibrio, porque cuando te percatas de la injusticia, es cuando viene el cambio.

Nos jode mucho el capitalismo, hay que producir no sé cuántos años para asegurar una vejez tranquila. No me chinguen. Por estar inmersos en un modelo social y económico que se mide en dinero, claro que no hay tiempo para sentir las emociones, validarlas, transitarlas y resignificarlas. Ya no hay tiempo ni para llorar.

Sí, mi complejo de salvadora puede resultar agotador, pero repito: si marco la vida de alguien y, por lo menos, lo invito a reflexionar, es lo que me nutre. Así me vaya de uno en uno, pero es imposible para mí darle la espalda a la humanidad. Nos tenemos que salvar. Estamos a escasos metros del punto de no retorno y lo que sí sé es que si cada uno está pensando sólo en uno mismo, no va a existir la posibilidad de tomar el retorno.

Sí, el mundo se está cayendo a pedazos y si no afinamos nuestras estrategias de supervivencia, muy pronto dejaremos de existir. El planeta se va a regenerar. Lo ha hecho muchas veces, pero si de verdad no logramos modificar la conducta humana, nuestros días están contados.

Seguiré el buen consejo de la gente que me quiere y me dice que vea por mí y sí sé que es necesario que lo haga, pero si me piden que deje de ayudar y pensar en los demás, estarían cancelando lo que soy y estoy segura de algo: dejaré huella en este mundo y aunque mi psiquiatra me dijo que es muy grande y no lo puedo salvar sola, espero que con mis palabras ayude a que todos mis lectores le apuesten a la paz, el equilibrio y el amor, lo único que nos va a salvar de nosotros mismos.

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1 de mayo de 2024

Sandra de Uriarte

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Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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