El que mucho se despide…

#yoconfieso

Es la tercera vez que retomo mi blog en cuatro años. Me despedí por primera vez en octubre de 2019, y lo hice otra vez apenas hace unas semanas. Es una tarea laboriosa mantener un blog en línea, y por más que quiero abandonarlo, me llama una y otra vez, pero es que con tanta estafa editorial y lo patética que es la industria de la literatura en un país de no lectores, no me ha sido posible terminar de sacar al mundo mi primera novela, pero saldrá en el momento que se sienta lista y en el formato que más le convenga, puede ser como serie. La cosa es que estoy de vuelta y con ánimos de seguir ganando cómplices en esta aventura digital que comenzó hace ya algunos años.

Pues sí, ya regresé. Las dos razones por las que bajé mi blog hace unas semanas fueron el fallecimiento de mi padre y la supuesta publicación de mi primera novela. Apenas hace unos días rescindí mi tercer contrato editorial. A la tercera, ya no duele. Frustra, sí, pero ya se hace callo en el corazón.

Me apena mucho cómo se maneja la industria editorial en un país de no lectores. Alguien sabio me dijo que los verdaderos héroes son las personas que escriben y las que editan. «Ellos son los valientes.»

A mí me han ofrecido ya cinco contratos para publicar mi novela. Rechacé tres y rescindí dos. Tres me cobraban. Ha sido un ir y venir en cinco años con editoriales y abogados, pero lo que no saben mis editores es que no llevo prisa alguna por publicar. Mi sueño en la vida no era ser escritora. Mi sueño era ser bailarina y me imaginaba en grande, tipo en el Ballet Bolshoi. Fui atleta de alto rendimiento en algún momento de mi vida y dejé el escenario justo hace veinte años. Hoy tengo cuarenta y uno. Desde los tres años me pusieron una zapatillas y nada toca las fibras de mi ser como el ballet, ni siquiera la escritura.

Yo escribo desde niña porque es mi válvula de escape. Siempre ha sido así. Soy epistolar. Escribir es mi forma de mantenerme cuerda y conectarme conmigo, la realidad (sea lo que sea) y el mundo. A través de la palabra escrita me comunico mejor. Cuando escribo, me siento protegida. No me da miedo la hoja en blanco, al contrario. No puedo nunca decir algo en menos de mil palabras y casi siempre escribo en primera persona. Es una verdadera catarsis para mí arrastrar el lápiz y sólo cuando me pierdo en las palabras, entro al mismo trance en el que estaba cuando bailaba.

Mi sueño no era ser escritora. Por eso, rescindo contratos editoriales una y otra vez. Se me va a hacer fama de diva, pero me vale un carajo. Creo mucho en mi obra y no permito incumplimientos, situaciones injustas y de abuso, condiciones desfavorables para mí y mi obra y bien me lo advirtió mi Maestro: de esto no vas a vivir.

Pero como ni siquiera me interesa publicar, siempre he tenido claro que de esto no voy a vivir. Sin embargo, me pongo a pensar en todos aquellos que sí quieren ser escritores y su sueño es tener su libro en las manos. Ellos me duelen mucho. No sé quién en su sano juicio quiere ser escritor y me quito el sombrero con todos ellos. Yo sí voy alegre por la vida ventilando mi intimidad. Y aunque puede ser obvio que todos los escritores hablemos desde nosotros mismos, yo, a veces en mi ficción, sólo cambio nombres. Tal cual. Pero repito: yo escribo para no pegarme un tiro y es mi manera de sobrellevar mi trastorno bipolar.

Me duele mucho que los verdaderos escritores, esos que inventan universos completos o hacen rimas, se enfrenten con contratos leoninos, que propician muchas desventajas y los que ganan menos siempre son los escritores.

El arte en general es así. Y más en un país como México. No creo que los pintores, escultores, músicos, bailarines, teatreros, cineastas, y muchos oficios artísticos más, vivan de eso. Es común que como artista tengas que invertir para poder crear y sacar al mundo tu obra.

En fin. Así las cosas.

Ya se están abriendo otras puertas, pero, repito, prisa no llevo y si algo me sobra es paciencia. Prefiero tomarme un tiempo, alejarme otra vez del mundo editorial, para que se me enfríe la cabeza antes de tener que tomar decisiones otra vez en relación con mi obra. Y en el ínter, me divierto enormemente con el blog y mis cómplices que hacen suyas todas mis palabras, y eso vale mucho más que cualquier contrato.

Gracias, siempre, mis primeros lectores. Hay blog para rato y la siguiente entrada se titula: «En lugar de anillo, me dieron unas chanclas.»

Los quiero y siempre los querré…

Sandra de Uriarte

***

Avatar de Desconocido

Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

5 opiniones en “El que mucho se despide…”

Replica a Escritora Sx Bipolar Cancelar la respuesta