Lo que me enseñó el alzheimer de mi padre…

#yoconfieso

Hoy más que nunca tengo claro que amor con amor se paga. Tras dos años cuidando a mi padre, ahora veo que las enfermedades del cerebro son prácticamente iguales, sin restar la debida importancia que se le debe brindar a cada una, las diferentes causas que las originan, el tratamiento integral que requieren, pero la enfermedad de mi padre, me reconcilió aún más con mi trastorno bipolar, y les voy a contar por qué…

Hace apenas un año nos confirmaron el diagnóstico de alzheimer de mi padre, quien entonces tenía 74 años. Sin embargo, la doctora nos dijo que mi padre tenía enfermo por lo menos cinco años y se encontraba ya en una etapa intermedia de la enfermedad.

Se me vino el mundo encima y acudí, como siempre, a los libros. Necesitaba saber y entender lo que iba a ocurrir con mi padre y prepararme, por decirlo de alguna manera. Nada de lo que leí bastó para que pudiera encarar el día a día y prever lo que iba a suceder.

Sin parecer morbosa o insensible, fue interesante ver la evolución de la enfermedad de mi padre. Comenzó por fallarle la memoria de corto plazo. No había manera de que mi padre supiera qué día era o lo que había hecho el día anterior. La repetición no servía de nada y es verdad que en cosa de minutos olvidaba lo que se le acababa de decir. Y eso fue sólo el principio.

Hoy mi padre ya no puede hacer nada solo. Ni siquiera servirse un vaso de leche. Se viste al revés. Se le olvida hasta bañarse. No puede hilar dos oraciones. Su vocabulario es muy pobre. Inventa palabras. Sus ideas son delirantes. No hay lógica en su línea de pensamiento. Balbucea como borracho y su capacidad psicomotriz es una verdadera desgracia. Todo tira y rompe. Camina con dificultad. Se tropieza todo el tiempo, se cae por las noches y no tiene fuerza ni siquiera para levantar una jarra de agua.

Algo que me cautivó fue la anosognosia. Esa palabra es el término clínico para definir la incapacidad que tiene la mente de mi padre para darse cuenta de lo que está pasando. No es negación. Es un mero mecanismo de defensa natural y me parece hermoso. Mi padre ni siquiera puede pronunciar su propia enfermedad, mucho menos entenderla, y agradezco que sea así porque ni siquiera imagino lo que debe representar tener la conciencia de que vas a perderte al grado de ni siquiera saber cómo te llamas. Yo me pegaría un tiro, sin dudar. Lo que más amo es mi mente…

Pero lo que más me impactó, fue el cambio en su personalidad. Y fue un espejo hijo de puta con el cual me enfrenté.

Yo nunca tuve una buena relación con mi padre. No es el padre que yo hubiera querido, pero eso le pasa a la mayoría, no me siento única y especial. Pasé varios años en terapia dedicados a sanarme de la pésima relación que tuve con mi padre, sobre todo en mi adolescencia y como adulto joven. Pero mi padre estuvo a mi lado en los momentos en los cuales yo perdía el camino. Siempre y de manera incondicional. Yo creo que para mi padre siempre fui una incógnita, no dudo que se preguntara por qué tenía una hija como yo. Seguramente se cuestionaba qué había hecho mal.

Y nunca hizo nada mal, al contrario. Me dio todas las herramientas para que yo enfrentara al mundo. Claro que es macho, tiene 75 años, pero nunca fue violento y mi padre me enseñó que sí se puede cumplir esa promesa de amor eterno porque, hasta la fecha, mi madre es su refugio.

Pero el reflejo que he tenido se basa en las emociones y formas de ser. No dudo que mi padre esté frustrado y muy enojado porque sabe que algo le pasa aunque no pueda saber qué. Y comenzaron entonces esos cambios de humor, tan característicos del trastorno bipolar. Comenzó la agresividad, la violencia. Mi padre jamás decía una grosería. Era un caballero. Hoy, manotea y maldice. Es hiriente. Levanta la voz. Acorrala a mi madre. Manipula. Amenaza y sabe cómo lastimar. Después, con lágrimas en los ojos, trata de pedir una disculpa, porque mi padre, con alzheimer o no, es muy orgulloso y no sabe pedir perdón.

Y fue ahí cuando me percaté del poder de mi cerebro. Hace algunos días pensé que la depresión iba a hacerme su presa una vez más. Presentaba todos los síntomas y era justificable. Corrí a ver a mi psiquiatra, que amé porque no quiso recetarme un antidepresivo, y yo ya estaba libre y dispuesta a vivir una depresión, pero la misma enfermedad de mi padre no lo permitió. No tengo tiempo para deprimirme. Tal cual. Mi padre necesita de mí. A pesar de su enfermedad, a la única que reconoce y no confunde es a mí. Y ya no soy Sandra, soy «su ratón», apodo que tenía cuando era niña.

Y esa fuerza y garra que resultaron del amor incondicional de mi padre por casi 42 años, permitieron que ayer tomara la decisión de suspender el tratamiento para «tratar» el alzheimer y brindarle sólo cuidados paliativos. Ya no son necesarias las medidas heroicas, pues mi padre ya no tiene calidad de vida y sería puro egoísmo tratar de alargar algo que sólo tiene como final la muerte.

Y aun cuando la enfermedad de mi padre es algo duro, triste y doloroso, hoy sé que soy más fuerte que mi propia mente y aunque mis demonios son mis amantes, esta vez la simple necesidad me hizo ver que puedo ser la principal narradora de mi historia y que nada ni nadie podrá callar mi voz, ni siquiera mi propio cerebro…

Sandra de Uriarte

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Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

2 opiniones en “Lo que me enseñó el alzheimer de mi padre…”

  1. Hola, te acuerdas de mi?

    Es este el canal adecuado para platicar?

    On Fri, 26 Feb 2021, 3:46 pm Manuscritos Bipo-sapiosexuales, wrote:

    > Escritora Sx Bipolar posted: » Hoy más que nunca tengo claro que amor con > amor se paga. Tras dos años cuidando a mi padre, ahora veo que las > enfermedades del cerebro son prácticamente iguales, sin restar la debida > importancia que se le debe brindar a cada una, las diferentes causas qu» >

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    1. Gracias por leerme, como siempre, y claro que me acuerdo de ti. Mi lector en Australia. Ja. Podemos platicar por aquí, pero en cosa de semanas el blog dejará de estar en línea o me puedes escribir otra vez a mi correo y retomar nuestra amistad epistolar. Por si no tienes mi correo ya te lo dejo otra vez: sandration@gmail.com. También te puedo dar mi celular, pero eso sí prefiero dártelo en privado. Espero que estés muy bien y te mando un fuerte abrazo.

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