Yo me tardé en ponerme los lentes de género. Mi educación fue machista, basada en culpa y castigo, y encaminada a ser una mujer «calladita» porque así hasta te ves más «bonita». Me enseñaron, además, a ver a las otras mujeres como rivales y que la única realización verdadera a la cual podía aspirar era ser amada y protegida por un hombre con quien formaría una familia. Y mis padres no me dijeron esas palabras exactas, me refiero también al impacto que tuvieron tantos y tantos estereotipos y la imposición de roles. Pero una vez que te pones los lentes de género, nada vuelve a ser lo mismo, y antes de seguir sólo aclaro que no odio a los hombres, que estoy convencida que todas las mujeres caben en el feminismo y que el género masculino se muestra cada vez más empático con nuestra lucha.
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