Tengo más de ciento ochenta días en cuarentena, y se desvanece ante mí la realidad. Nunca se me ha dado bien, bien, eso de pertenecer a lo real. Soy soñadora. Idealista. Una incansable guerrera. Mi imaginación no tiene límites y en mi mente habitan mil y un personajes. Me pierdo frecuentemente en la fantasía y lleno hojas en blanco como loca poseída días y noches. Pero, con todo y mis más de cuarenta años como vagabunda del mundo, sigo sin entender nada, dudo de todo y me ahogo con mi sed de conocimiento. Sin embargo, jamás imaginé vivir una pandemia mundial y, mucho menos, en la era digital, casi virtual, caracterizada por la desinformación y la manipulación masiva gracias a los discursos de odio en redes sociales y medios de comunicación.
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