Era un día radiante en el pueblo de Multa; el sol era tan fuerte que ayudaba a los comerciantes de raspados en su andar por las calles: todos querían refrescarse con un poco de hielo saborizado. El tañido de la campana más grande de la iglesia, avisaba que otra hora había transcurrido. En el parque central, a un costado de la iglesia, se encontraban dos niñas de escasos nueve años. Cada una sentada en un columpio.
Juego de paletas
Talento emergente de Terror
