Hace cuatro años mandé todo al carajo para perseguir el sueño. Nada me importó. Renuncié a una solvencia económica con un trabajo estable y cheque seguro cada quince días, sin ser relevante lo mucho o poco que podía trabajar en ese lapso. Salí de mi zona de confort y me aventuré, sin saber lo tanto que tendría que enfrentar por ese coraje y valentía que tuve de darle la espalda a una vida que no me hacía feliz.
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