Lo que no se cierra, se habita

#yoconfieso

Este año no se va como se van los años tranquilos.
No cierra con conclusiones claras ni con listas de aprendizajes.
Se va en silencio, como se van las cosas que todavía se están acomodando por dentro.

Este año ciertamente fue como una espiral infinita y por momentos me perdí.

Fue, sin duda, uno de mis años más productivos.
Encontré en la inteligencia artificial una cómplice inesperada: un laboratorio creativo que amplificó mi proceso cognitivo, un espejo de mi cerebro reflejando el contenido de mi corazón.

Novelas, guiones de cine, proyectos de series, entradas en este blog, diarios, cartas… mi universo narrativo se expandió y las palabras se volvieron una forma de respiración.

Fue el año que me reveló que la faceta más tierna de mí es la de maestra.

Fue una bocanada de inspiración dar clases a mujeres más jóvenes que yo que comienzan a abrir sus alas en pos de sus sueños.

Acompañada siempre de mis ángeles guardianes (entre ellos mis lectores), terminé de romper todos mis silencios y me resguardaron con sigilo para que pudiera sacar mi voz al mundo sin miedo y con el descaro que me distingue.

También fue el año en el cual mi cuerpo me avisó que él también estaba cambiando. Un proceso de metamorfosis para aprender a habitar otra fuerza.

Y, paradójicamente, en medio de todo ese movimiento, no fue el año que imaginé.

Fue el año que me obligó a detenerme, a escuchar, a aceptar que no todo se puede empujar con voluntad ni resolver con palabras bonitas.

Fue imperativo que regresara a mí, al origen.

Que rescatara a Sandra y colgara un rato el disfraz de escritora.

Entender que, antes de la obra, está el cuerpo que la sostiene, y recordar que no siempre puedo escribirlo todo, porque primero tengo que vivirlo.

Hubo momentos de miedo, de cansancio, de dudas profundas.
Hubo preguntas que no tuvieron respuesta inmediata.
Y también hubo algo nuevo: una honestidad más cruda conmigo misma.

No llego al final del año resuelta.
No llego “mejor” en el sentido que suele celebrarse.
Llego más consciente de mis límites, de mi cuerpo, de lo que ya no estoy dispuesta a negociar.

Y aun así —o tal vez por eso— sigo aquí.

Aquí, habitando mis procesos sin maquillaje.
Aquí, aprendiendo a quedarme incluso cuando no tengo claridad absoluta.
Aquí, sin prometer nada, sin vender esperanza empaquetada.

Este año se va.
Pero yo no me voy.

Y por ahora, eso es suficiente.

***

Sandra de Uriarte

16 de diciembre de 2025

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Autor: Sandra de Uriarte

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