No soy mi diagnóstico

#yoconfieso

Es tan fácil desacreditar a una persona que vive con un trastorno mental que a veces eso cansa más que el mismo trastorno.

Soy la primera a la que se le olvida que tengo trastorno bipolar y que la primera manifestación fue a los 14 años. Hoy tengo 46. Y siempre que creo que la “loca de la cabeza” me abandonó, algo pasa, que se despierta y empieza la batalla.

He pasado por manías, hipomanías, depresiones, ciclotimias, ansiedad, insomnio y, cuando creo que ya viví todo, algo nuevo brota. Hoy es la agorafobia. No puedo salir de mi casa. No puedo cruzar el umbral de la puerta. Tan solo de intentarlo y pensarlo conscientemente me provocó un ataque de pánico.

Y entonces viene lo otro: decirle a mi red de salvación que estoy en crisis. Y se me vienen encima pensamientos desoladores como que pudieran reaccionar con frases tipo: “otra vez con su drama”, “es que está loca”, “todo lo exagera”. Es duro, pero se lo decía a mi madre: es MI vida desde los 14 años, es a mí a la que me pasa y no espero que lo entiendan. Mi trastorno no me define: me desafía. Y cada día que sobrevivo es una victoria más.

El estigma habla más de ellos que de mí, porque el día a día de una persona con trastorno bipolar es como ir en un tren bala japonés sin frenos. Es vertiginoso. Son ciclos naturales entre la euforia y la melancolía. Es un ir y venir constante entre la cordura y lo irreal. Si eres paciente responsable como yo, también es una montaña rusa el tema de las medicinas y las terapias.

Las eutimias, esas etapas en control, estables, alegres y sanas, duran poco. Siempre hay recaídas…

Son más de 30 años lidiando con este trastorno, ya ni me gusta escribir sobre eso, pero hoy era importante desahogarme aquí, en mi blog que nació por esa misma necesidad de entender a través de la palabra escrita, que me quisieron reducir a una etiqueta, pero yo aprendí a escribir con ella. Y aunque mi cerebro funcione distinto, mi voz siempre tendrá sentido.

El episodio de agorafobia se desató por dos razones: la traición de un amigo muy cercano y que ni siquiera vi venir el golpe, y los más de 10 meses de encierro creativo escribiendo una novela y un guion de largometraje. Mi cerebro reventó y ahora “todo afuera es peligroso”. Me lo susurra una y otra vez, muy bajito, pero no deja de joder.

A lo largo de tantas terapias desde los 14 años, he sanado muchísimas cosas. El trauma por la violencia que viví, mi infancia y mi obsesión por el control. Aprendí sobre el desapego emocional saludable, me quedó claro que nada es personal, y desarrollé una relación basada en amor, respeto y empatía conmigo misma.

Y aun así, la “loca de la cabeza” se volvió a despertar. Y ya ni siquiera me sorprende. Pero el día que me rinda, será el día que me muera, antes no. No puedo dejar que gane la partida.

Porque sí, tengo trastorno bipolar. Pero también tengo libros escritos, proyectos creados, una red de salvación que me sostiene y una vida que he construido a pesar de todo.

Porque no soy “la pinche vieja bipolar”, soy Sandra, con voz, con obra, con fuerza.

Mi vida no es drama, es resistencia.

No soy mi diagnóstico, soy mi historia.

Entre recaídas y eutimias, esta soy yo.

Y faltan muchísimas hojas en blanco por llenar.

***

Sandra de Uriarte

21 de agosto de 2025

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Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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