No, no fuiste el amor de mi vida.
No te quedaste.
No volviste.
Pero fuiste el portal.
Fuiste el umbral entre lo que era niña y lo que iba a ser mujer.
Entre el cuerpo tembloroso y la piel que aprendía a decir “sí” sin pedir permiso.
Fuiste la cama que no era mía,
el baño compartido,
la risa escondida en fiestas ajenas,
el verano en idioma prestado,
la ampolla que no querías que viera,
y que yo curé con los dedos.
Fuiste el antes de todo.
El que no se planea.
El que no se repite.
El que aparece como símbolo, no como promesa.
Y por eso la vida contigo no siguió,
pero sí se abrió.
Y por eso hay fechas que me duelen.
Y por eso hay días que me tiemblan.
Y por eso hay señales, coincidencias,
esas “mamadas mágicas” que no tengo con nadie más.
Porque tú no eres el hombre que vino a quedarse.
Eres el que me empujó al abismo.
El que me partió en dos sin darse cuenta.
El que abrió la puerta sin mirar atrás.
Y yo, que me quedé del otro lado,
tuve que escribir todo esto
para entenderlo.
No fuiste el amor de mi vida.
Pero fuiste el portal.
Y por eso,
aunque no estés,
aunque no respondas,
aunque no me mires…
todavía tiembla algo en mí
cuando llega julio.
***
Sandra de Uriarte
22 de julio de 2025
