La empatía mal entendida

#yoconfieso

Desde muy pequeña, absorbía las emociones de los demás como si fueran mías, al grado de sentirme abrumada. Mis sentidos están muy desarrollados y soy muy sensible. De niña todo era casi un acto de magia: conectarme tan profundamente con la energía de las personas y animales.

Pero con el tiempo, esa sensibilidad que siempre vi como una cualidad empezó a desgastarme. Me sentía agotada, drenada emocionalmente. Pensaba que todo era mi responsabilidad solucionar, que no podía darle la espalda a nadie y menos a aquellos que se me acercaban pidiendo cualquier tipo de ayuda.

Y un día, un terapeuta me hizo una pregunta que lo cambió todo: “¿Estás ayudando o sólo estás cargando un peso que no te corresponde?”

Nos enseñan que ser empáticos es ponernos en el lugar del otro, pero a veces lo confundimos con cargar sus emociones, sus problemas, su sufrimiento. No queremos que las personas sufran, así que sin darnos cuenta, tratamos de aliviarlas soportando parte de su peso. Y es cuando la empatía se convierte en carga y, si te descuidas, eres presa de la fatiga por compasión, término psicológico que representa el cansancio emocional de cargar los costales ajenos.

No eres empático cuando te preocupas más por los problemas de alguien que esa misma persona; cuando te sientes responsable por el estado emocional de los demás; cuando absorbes el dolor ajeno hasta el punto de que te afecta más a ti que a ellos; cuando dejes de lado tu vida y necesidades por solucionar las de los demás; cuando permites situaciones de abuso y maltrato.

Eso no es empatía. Eso es sobrecarga emocional. Y nos puede dejar agotados y resentidos. No puedes salvar a todos (y no tienes que hacerlo).

Una de las lecciones más difíciles de aprender fue que no puedo salvar al mundo. Me lo dijo mi psiquiatra: “El mundo es muy grande, Sandra, no puedes salvarlo sola.”  Y más aún: no es mi trabajo hacerlo, pero también he pensado que si me voy de uno en uno, actuando desde la empatía, el amor y el perdón, es posible que suceda. La empatía es entender desde dónde vivió la historia cada una de las personas que estuvieron involucradas en la misma. Hay tantas miradas, como historias. La empatía se basa en no juzgar y en una escucha activa. Se trata de hermandad y comunidad.

Ser empático no significa ser un recipiente para la carga emocional ajena. Claro que podemos estar ahí para escuchar, para acompañar, para sostener, pero el dolor, el proceso y la sanación de cada persona les pertenecen a ellos, no a nosotros. Y si alguien no quiere hacer nada por sí mismo, nadie podrá.

Para ser empático sin llevarte el dolor de los demás pon límites emocionales. Escuchar a alguien no significa absorber su sufrimiento. Pregunta antes de ayudar. A veces, lo que creemos que el otro necesita no es lo que realmente le hace bien. No te sientas culpable por priorizarte. No puedes dar lo mejor de ti si estás agotado emocionalmente. Deja de confundir empatía con sacrificio. Puedes acompañar sin desgastarte y comprender que sentir con el otro no significa sufrir por el otro, que puedes apoyar sin perderte a ti mismo en el proceso.

Y, sobre todo, aprendí que no es egoísta cuidar de mi energía emocional. Porque si me quiebro tratando de sostener a los demás, ¿quién me sostiene a mí?

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Sandra de Uriarte

11 de marzo de 2025

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Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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