El origen de mis adicciones

#yoconfieso

La idea de esta entrada surgió de una serie que estoy viendo. Es un drama, con tintes de tragicomedia. Inspirador. Tierno. Muy rosa. Todo es bonito y todo se arregla siempre. El amor triunfa por sobre todas las cosas. Y es que ya prefiero ver esos contenidos porque por cualquier lado hay demasiada violencia y ya no soporto verla. Ya no. Está en aumento lo distópico y ciencia ficción, y tampoco necesito ver el fin del mundo. Lo estoy viviendo. Pero justo en esta serie abordan el alcoholismo y drogadicción desde un enfoque de «enfermedad» y algo me brincó. Me voy a meter en camisa de once varas, como siempre, pero puedo decirles que para mí el alcoholismo y drogadicción no son una enfermedad. De hecho, son síntomas de otra cosa, pero no considero que las adicciones sean enfermedades y les voy a contar por qué…

Desde adolescente era notable mi conducta adictiva. Empecé a los 14 con el tabaco. Lo vi desde bebé. Toda mi familia fumaba. Era cuando todavía fumar era cool y te dejaban hacerlo en cualquier lugar. Y así empezó. Siempre digo que soy una adicta funcional. Tabaco, alcohol, mariguana y benzodiacepinas. Ese fue mi coctel por un par de décadas. Mis adicciones jamás afectaron, como tal, mi día a día. Jamás me hicieron una intervención. Nunca fui a AA. No le jodí la vida a nadie. No perdí ningún trabajo. No robé. No tuve accidentes fatales…

Lo que había detrás de esas adicciones era el trauma. Nada más. Y antes de que lo reconociera, le pusieron la etiqueta de trastorno bipolar. No saben, de verdad, el conflicto tan grande que tengo desde que me di cuenta de que sí era posible no tener ese trastorno diagnosticado. Yo dudo tanto ya… Sí, le puedo poner palomita a todos los síntomas, conductas, decisiones y acciones del trastorno bipolar. Sí. Pero cómo se explican que desde que reconocí tanto trauma y lo sané, ya no hay síntomas, conductas, decisiones o acciones… ya no hay nada.

Tengo apenas 5 días libre de benzodiacepinas. Dejar este fármaco me tomó un par de años. Lo que ustedes conocen como Rivotril y Tafil. Tomé esas mierdas casi dos décadas y recuerdo cuando me dijeron: jamás vas a poder vivir sin tus medicamentos. Ja. Librarme de esta adicción fue de la mano de mi psiquiatra y en esta última reducción que duró un par de semanas y al carajo, ni tuve síndrome de abstinencia. Del fármaco que nunca iba a poder dejar. Ustedes juzguen. 

Del alcohol y la mariguana… mi consumo disminuyó drásticamente. Hay días que ya no lo hago. Pero es mera voluntad. La cosa es que me encanta mi tequila y más con el chisme. Y la mariguana me ayuda a relajarme y parar un poco la velocidad de mi tren del pensamiento. Del tabaco… peor. Es la única adicción que yo considero lo es. Por completo. 

Nunca probé otras drogas, naturales o sintéticas, por dos razones: estaba consciente de mi conducta adictiva y mi cerebro puede solo. Ja. Cuando mis amigos me cuentan experiencias con drogas, me doy cuenta de que era un ciclo natural de mi trastorno bipolar. Nada más que el viaje me duraba meses, incluso años. Era muy intenso…

Pero repito: desde que sané el trauma, desapareció el trastorno bipolar. Cuando empezó el tratamiento farmacológico me obligaron a tomar cuatro medicamentos. Y la indicación era: sin tus medicinas, no puedes vivir. Y lo dejé ir muy lejos… debí haberlo frenado hace mucho tiempo, pero pues, uno confía en los doctores, son los que saben…

El trauma que yo tengo es la violencia. Viví, ese mismo par de décadas, mucha violencia: verbal, física, psicológica y sexual. Muchos agresores. Experiencias crudas. Muchas heridas. Abandono, invalidación, maltrato. Y como escribí hace poco en otra entrada: y yo en terapia arreglando el trastorno bipolar.

Convertirme en sobreviviente me tomó cinco años. Cinco años en un proceso terapéutico basado en psicotrauma. Siempre digo que es el equivalente a un doctorado en feminismo y violencia. Y desde el día que inicié ese viaje, repito: el trastorno bipolar se esfumó de mi vida.  Ustedes explíquenme eso. 

Por eso, no creo que el alcoholismo y drogadicción sean una enfermedad. Y para realmente sanar, me parece que uno debe reconocer el origen de la enfermedad. Siempre. Por algo existe la etiología. Y todo está conectado: cuerpo-emociones-mente. Pocos saben que el aparato digestivo está íntimamente ligado al cerebro. Es verdad que somos lo que comemos y lo que le metemos a nuestro cuerpo impacta de manera directa en nuestras emociones y pensamientos. 

Pero he aprendido que es más fácil mantenernos a todos enfermos o diagnosticados. No imaginan cuán cruel puede llegar a ser la industria farmacéutica. Pero si no hay enfermos o diagnosticados, no hay negocio. Las clínicas de rehabilitación privadas son muy caras. La salud debiera ser un derecho humano, pero en el sistema capitalista se convirtió en industria. 

Yo no soy médica ni me baso en ningún estudio, sólo hablo desde mi experiencia. Cada vez que se me acercan personas en severas crisis emocionales y mentales y envueltas en adicciones, llego al trauma por la violencia. Siempre. Y no imaginan la cantidad de gente con la que he tenido la fortuna de coincidir para escuchar sus propias historias. Es enriquecedor. Te dejas de sentir solo. Cambias. Sanas.

Hoy sí creo que es el trauma lo que detona adicciones. Sé que, al menos yo, las usaba para evadir. Irme a un mundo de fantasía. No enfrentar. Fue muy duro aceptar qué había detrás de ese coctel que necesitaba para sobrevivir. Y hoy, por lo menos, estoy libre de uno de los fármacos que más se recetan con absoluta irresponsabilidad.

Soy partidaria y defensora de las terapias psicológicas y psiquiátricas. Pero tengan también mucho cuidado en manos de quien ponen su salud emocional y mental. Es hasta peligroso. Y muchos espacios de confianza que existen hoy en día bajo terapias alternativas, tienen todos los elementos para el ejercicio de la violencia. Sanar lleva tiempo. Mucho. Y entre más estaciones pasen después del trauma, aumenta el tiempo de sanación. 

Una vida saludable y un equilibrio real entre cuerpo-emociones-mente podrían revertir muchos trastornos diagnosticados, que sólo entran en la norma y te atiborran de medicinas. Pero lo que yo puedo afirmar desde mi propia historia es que una vez que borré todo rastro del trauma en mi cuerpo, el trastorno bipolar dejó de formar parte de mi vida y murió la adicta funcional de tantos años.

Se los dejo de tarea…

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Sandra de Uriarte

29 de enero de 2025

 

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Autor: Sandra de Uriarte

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