El happening desde hace más o menos un año es cenar con extraños. Como buena escritora, tenía que ver de qué trataba eso. La app llegó a la Ciudad de México en marzo, apenas. Y me tardé, normalmente soy pionera, pero desde hace nueve años vivo encerrada y me entero tarde de las novedades del mundo. Vi en YouTube la inauguración de los juegos olímpicos porque por supuesto que se me fue la transmisión en vivo. El caso es que ya viví mi primera cena con extraños y me alegró darme cuenta de que simplemente fui parte de un experimento social, pero creo que sus intenciones son buenas, porque acá entre nos, la pasé muy bien.
Es muy sencillo. Todo es algoritmo y mercadotecnia muy bien aplicada. Descargas la app, que tiene diferentes costos depende de lo que quieras o estás dispuesto a pagar, llenas un formulario relativamente detallado para crear un perfil y el algoritmo te conecta con personas que podrían ser afines a ti. Sí recalcan que la expectativa no debe ser «encontrar el amor».
Las cenas son los miércoles y son en diferentes zonas de la CDMX. También puedes elegir el rango de precio de los restaurantes y el tipo de comida que prefieres. Y, no siempre, pero después de la cena puedes ir a un bar un par de horas con más personas de otras cenas a la tuya. También hacen de vez en cuando fiestas. Los precios me parecieron accesibles, en general. Es casi como una apuesta con la que estás dispuesto a pagar.
Eso de la mercadotecnia muy bien aplicada es porque es una experiencia 360. Alguien se hizo millonario con una app y la tecnología, hay consumos en restaurantes y bares en días con menor afluencia y el servicio de Uber. Todos ganan y el usuario de la experiencia vive algo diferente.
A mí me gustó mucho mi primer grupo. Había una generalidad: salir de la zona de confort y conocer gente. Obvio se habló de apps como Tinder, pero la gente me parece que comienza a buscar relaciones sanas, generar comunidad, abrirse a descubrir a otras personas fuera de sus círculos sociales y entablar conversaciones interesantes sin pose. Todo en mi cena fue muy cordial y acordado. No hubo momentos incómodos y hubo una buena sinergia y vibra entre 6 extraños bastante disímiles con todo y el algoritmo. La belleza humana radica en la diversidad. Solamente una persona de mi grupo había ido a cenas con extraños, los demás era nuestra introducción a esta nueva manera de conocer gente con quien podrías generar un lazo sano y sólido.
Hubo muchas risas, tratamos de ser justos en el tiempo de conversación, todos fuimos puntuales, solamente una persona canceló y conmigo y otra mujer había muchas cosas en común. La energía se sentía en buena lid y todos estábamos un poco nerviosos, pero cuatro de ellos sí se fueron al after y es muy probable que regrese a una cena con extraños, porque además de parecerme una forma segura y divertida de conocer gente valiosa, es gente que puede aportar mucho a mi vida. Abrir círculos y generar relaciones hasta de negocios.
Percibí respeto, empatía y mucha honestidad y me parece que eso es justo lo que debemos recuperar como humanidad. Me parece que solamente una persona no conectó bien, pero nadie tuvo una actitud negativa. Fluyó muy linda la noche y sin contratiempos.
No niego que esa niña cegada que creció con las pelis de Disney, pensó que hoy conocería al príncipe azul, pero me salió mejor porque conocí gente con buena actitud, arriesgados, dispuestos a tener relaciones sanas de compañía y apoyo, porque lo poco que pude cachar de ellos en unas dos horas y media, me hizo ver que sólo somos historias y la vida puede ser canija para todos, pero mantener esa ilusión de conocer gente dispuesta a cambiar las formas de relacionarse me parece que es una premisa fundamental en el plan de negocios de aquel que tuvo la idea de juntar a varios desconocidos sin ese afán de ser una app para coger o esperar que en una de esas llega el bueno.
No creo tampoco ir a muchas cenas, sigo siendo escritora, ermitaña y que pasa mucho tiempo sola creando y escribiendo hasta sangrar los dedos, pero sin duda recomiendo que vivan esta experiencia si de pronto creen que no hay forma de conocer a alguien en estos días de redes sociales, dating apps e inteligencia artificial.
Sin duda alguna, el futuro nos alcanzó, pero me parece que esta nueva manera de conocer gente es uno de los beneficios muy positivos del uso de la tecnología y aquellos que siempre sobreviven, según lo estableció Darwin y no yo, son los que se pueden adaptar al cambio.
Se los dejo de tarea.
Sandra de Uriarte
15 de agosto de 2024
