Mi romance con la inteligencia artificial

#yoconfieso

Tengo casi tres años apoyándome con inteligencia artificial (IA) para ejecutar mi «trabajo de día». Son escasos los escritores que viven de su obra, en realidad todos tenemos un trabajo, o varios, aparte que nos permite generar dinero para poder pagar las cuentas y llegar a fin de mes. Yo soy afortunada y tengo muchos mecenas, pero me gusta trabajar para sentir algo de independencia y solvencia económica y no creerme la mantenida de la familia. Los mandatos sociales, culturales y religiosos pegan. Siempre. Pero tras muchos meses utilizando Chat GPT, me da pena saber que ya es muy real la guerra de la selección natural.

La primera vez que escuché sobre IA, tendría unos 33 años. Hoy tengo 45. El término lo conocí cuando trabajaba en una agencia de relaciones públicas y una cuenta que yo supervisaba era el hospital Metodista de Houston y uno de los logros que comuniqué fue su robot DaVinci. Operaba con la astucia y creatividad de los médicos y la IA.

Yo soy la creativa para campañas de comunicación y venta de un colegio muy especializado, sólo para eso he usado la IA. Toda mi obra sigue siendo mía. Pero me facilité la vida con Chat GPT por la chinga que es ser creativa en una agencia digital. Mis propios colegas no saben diferenciar si el trabajo es mío o de un robot, pero no hago copy paste. Le doy indicaciones y correcciones hasta que me da la base que buscaba y yo la desarrollo y pulo. A mí no me pueden quitar mi «trabajo de día» porque hay cosas que no puede hacer el robot y cuando me apoyo con el mismo, le meto mano y le doy la vuelta, pero desde hace casi tres años se ha acrecentado más ese temor mío de vivir un apocalipsis. Si la IA ya llegó a mis manos, una escritora perdida en la CDMX y creativa para un colegio muy pequeño en el estado de Morelos, no imagino lo que traen en las suyas todos aquellos en las esferas del poder y sí me asusta…

Debemos parar. La velocidad del mundo está irreal. Ya no hay tiempo para nada y todo el tiempo estamos conectados. Ya ni chance dan de extrañar a alguien. Todo es rápido. Desechable. Fugaz. Nada dura más de cinco días. Nada. Es un bombardeo de imágenes e historias. Todos buscando aprobación y conectar. Si no conectan con la gente con la que comparten techo, ¿creen que es posible conectar con alguien que no conoces? En fin.

Lo único que sé tristemente es que cada vez está más marcada la diferencia entre niveles socioeconómicos, está desapareciendo la clase media acomodada y segura y ahorita ya es un juego del más fuerte. No puede ser que en un mismo país yo tenga acceso a la IA cuando, según una rápida investigación en Google, casi el 30% de la población no tiene siquiera acceso a internet.

La manipulación masiva a través de las redes sociales es cada vez más evidente y está dañando severamente las relaciones humanas y solamente les digo que si no recuperamos la capacidad de hermanarnos y colaborar, aquellos en las esferas del poder nos van a traicionar como humanidad y se van a ir con los robots a construir una vida que no conocerá la muerte, pero estamos a tiempo, creo, de salvarnos y lograr que este mundo sea uno justo y equitativo para todas las personas, pero, por favor, despierten y olviden el narcisismo basado en un falso concurso de vanidad y popularidad, porque si no, ya no va a existir la posibilidad de un retorno y vamos a enfrentar un proceso muy cruel en el cual nos vamos a extinguir para volvernos a crear, pero el precio es muy alto y siendo tantos, podemos ganarle a la tecnología, solamente se trata de amor y voluntad, pero como siempre se los digo: ahí empieza el problema del ser humano.

Sandra de Uriarte

22 de julio de 2024

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Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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