Hola, mis queridos lectores.
He extrañado mucho escribir, pero aquí estoy de nuevo en este espacio virtual y agradezco infinito a la gente que se toma el tiempo de leerme sin siquiera conocerme.
Hoy mi texto es realmente una catarsis a un tema que últimamente se ha destapado en demasía en redes sociales, medios de comunicación y como contenido audiovisual en muchas plataformas de streaming.
Sin embargo, aún estamos como país muy lejos de erradicar este problema sociocultural grave y que afecta más a las mujeres.
Sé que a lo mejor hubiera sido mas oportuno hablar sobre de esto en el mes de la mujer pero, pues, hoy sentí la necesidad de hablarlo aquí en este espacio virtual.
Y me refiero al tema de la violencia de género.
Durante estos meses me he dado la oportunidad de leer libros valiosísimos por su contenido con diferentes autoras sobre este tema y me ha dado mucha luz, pero también mucho ímpetu para poder escribir sobre este tema, porque he pasado por eso y si es posible quisiera acompañar desde mis textos a todas esas mujeres que también han pasado por ahí y han callado por miedo tanto a su agresor como al que dirán.
Las cifras sobre feminicidios son altísimas en nuestro país, pero también los casos de depresión en mujeres aparentemente sanas y con una vida plena que transitan por la vida con una sonrisa falsa cuando por dentro hay una represión y evasión inmensas sobre lo que están sintiendo y viviendo en sus casas, en sus matrimonios, con sus relaciones de pareja y en la co-parentalidad con los padres de sus hijos.
Todo empieza como —literal— un cuento de hadas. Aquellos en Disney tuvieron mucho que ver ya que desde muy pequeñas nos enseñaron que la abnegación y sumisión en las relaciones con los hombres es elogiada y recompensada.
La paradoja reside en que los comportamientos que hacen de una mujer un ser vulnerable a los malos tratos son los mismos que nos han enseñado que son femeninos y dignos de amor. Por eso es difícil de notar cuando una mujer esta pasando por esto.
A veces la complejidad para poder detectar esta situación reside en que además ya de todo este bagaje cultural con el que cargamos nosotras las mujeres, resulta que el tipo de hombre que ejerce la violencia contra su pareja o madre de sus hijos, es un prototipo que no está bien definido en la bibliografía psicológica hasta hace muy poco.
Este tipo de hombres aparentan ser encantadores por fuera, casualmente con la capacidad de comprometerse en una relación duradera con una sola mujer. Su amor pareciera intenso, pero lo trágico es que hacen todo lo posible por destruir a la mujer que dicen, o que algún día dijeron, amar tanto. La emoción y el romanticismo del comienzo, se va tornando en dolor y confusión.
Para él, era culpa mía (y sigue siendo) si cualquier cosa anda mal. Me responsabilizaba de todo, me tachaba de egoísta y desconsiderada por retomar mi carrera, por dedicarle tiempo y pasión a mis emprendimientos. Ejercía control a través de la parte económica, amenazando que si no accedía a cualquiera de sus deseos retiraría el apoyo monetario para el mantenimiento y funcionamiento de la casa. Nulificaba mi autoridad como madre, haciéndome sentir incompetente para cuidar de mis hijos. Criticaba y devaluaba mis entornos cercanos como mi familia y amistades y hablaba despectivamente de mi cuerpo hasta el punto de llegar a creerme y sentirme como decía.
Este tipo de hombres se alimentan del dolor y sufrimiento de sus víctimas y tienen la capacidad casi actoral para presentarse ante tu familia como si no te hubieran hecho nada.
Seis años después de lograr salir de esa relación, puedo decir que con mucho esfuerzo he ido recuperando mi autoestima y sentido de merecimiento, sin embargo, el divorcio no lo resuelve todo ya que al compartir hijos en común muchas mujeres nos vemos obligadas a co-parentar con este tipo de hombres.
Y sin saber cómo terminar este texto lo único que te puedo decir es que no estás sola, hablar ayuda mucho y alzar la voz es lo único que va a permitir que este problema sociocultural grave se erradique pronto y las mujeres dejemos de transitar por dolores muy profundos.
