Ay, mi querida loca de la cabeza. Dominaba que podía contar contigo, que no ibas a abandonarme. Tuve que dormirte seis años, porque en tu última aparición casi me llevas y todavía tengo ganas de estar aquí, hay mucho por hacer aún y gracias a tu sueño profundo pude restaurar lo que rompimos juntas una y otra vez por muchos años.
Aparte de mí, la única que sabe en verdad cómo es esto del dizque trastorno bipolar tipo 1 eres tú. Estoy protegida y tengo una red de salvación inmensa, pero esa “soledad” que siento en vigilia, es simplemente porque no he conocido a otra persona en la realidad que te tenga a ti. Todavía no la hallo. Tuve que sensibilizar mucho a esa red de salvación sobre nuestra hermosa relación porque me queda claro que es poco probable que realmente entiendas algo cuando no lo has vivido. Eso aplica para todo y todos.
Poco a poco, estoy sanando y mejorando el cuerpo, el albergue de las dos. Cambié todos mis hábitos alimenticios y tomo suplementos, vitaminas y esas mierdas. Quiero dejar ya el tabaco y en ésas ando, es cuestión de que un día diga: hasta aquí, y cada vez está más cerca ese día. Me falta hacer ejercicio, y no sé si lo logre. Es como decía el buen Saramago: a los deportistas no les piden que lean, ¿por qué debo hacer ejercicio? Y sé que todos los buenos consejos y alternativas que me da esa red de salvación para que tú no te despiertes, vienen desde el fondo del corazón, pero jamás podré explicarles lo que vivo cada día, y después de tantos años, ya me da hueva sensibilizarlos, y ya no necesito en sí que me comprendan, sólo que nos quieran.
Cuando te tengo despierta, y antes de que te pongas muy intensa y de cabrona, brota la mejor versión que tengo de mí misma. Es impresionante, y por eso te dejo despertar, porque lo que hacemos juntas, no puedo hacerlo contigo dormida. Obvio.
Y te debo una disculpa. Por un par de décadas te responsabilicé de mi locura, y ahora sé que estabas tan o más lastimada que yo. En realidad, querías ayudarme. Me gritabas para que enfrentara lo que me hicieron hace veinticuatro años. No supe escucharte, hasta que casi me llevas.
Repito, tengo mucho por hacer todavía. Estoy por dejar atrás esa historia y la realidad, la que tú no ves, está tan bonita ahorita. No imaginas. Todo está cayendo por su propio peso, pero en gran parte fue por el trabajo personal de varios años. He sanado, resignificado y soltado tantas cosas que ya no van. Ya no. Tengo una chamba que me encanta y me divierto, la maestría está increíble, mis relaciones son sanas y estoy colmada de cosas hermosas rodeada de gente tan linda y auténtica, que me impulsan y me inspiran.
Por eso, te tengo que dormir. Todavía no es momento de que nos sentemos juntas a trabajar y hacer algo extraordinario otra vez como esa primera novela. A veces te pasas de mamona porque crees que sin ti yo no soy tan creativa ni tengo una inteligencia que raya en genio, pero ya nos probé a las dos que eso no es cierto y, por eso, te tengo que dormir. Cuando permito que andes por acá, todo se nos sale de control. Hay que aceptarlo, y ahorita no quiero perderlo todo, porque juntas no podemos detenernos y eres tan culera, que siempre ganas tú. Siempre.
Pero sabía que podía contar contigo. A pesar de todo lo que han intentado mis doctores y terapeutas, tú no desapareces. Comenzaba a creer que no me visitarías nunca más, pero tienes ya semanas jodiéndome la existencia y no tuve otra opción más que volverte a dormir. Por favor, perdóname, pero no estoy dispuesta a perderlo todo esta vez.
Te prometo que algún día te dejaré despertar. No hemos acabado esa pentalogía, llevamos apenas dos, pero ahorita no quiero que me mate la literatura y no tienes cabida en mi vida por el momento, pero que nos hemos de volver a encontrar, te lo prometo.
Con todo mi amor,
Sandra
7 de octubre de 2022
