El duelo de mi trastorno

#yoconfieso

Hace mucho tiempo no escribo en este espacio, que es tan mío como suyo, pero lo dejé en línea porque hoy es el único testigo de que soy escritora. Les prometo que algún día saldrá toda mi obra, no sé en qué formato, pero llegará al mundo cuando deba suceder. Lo importante es que yo no deje de escribir. También llegó el día en el que debo tomarme más en serio eso del dinero, y por eso me alejé del blog. Debo hallar la manera de generar ingresos haciendo lo que amo. En ésas ando. Además, han pasado tantas cosas en mi vida personal por un par de años que no he tenido muchos ánimos de vagar por el mundo virtual, y a ese punto quería llegar.

La relación que tengo con mi trastorno bipolar no puede ponerse en palabras. Empezó siendo tan niña que siempre he tenido que encontrarle un lugar en mi vida. Ha tenido tantas funciones el trastorno bipolar en mi propia historia, que no recuerdo momento importante en el cual no haya estado atado a mi propio respirar.

Psiquiatras, psicólogos, internistas, neurofisiólogos, medicinas, terapias, electroencefalogramas, mapeos cerebrales, análisis clínicos y encierros hospitalarios, estuvieron presentes por treinta años. Y aunque siempre fui muy buena paciente, un detonante bastaba para que yo me fuera a la mierda, ya fuera para arriba o para abajo, daba lo mismo.

Una depresión puede ser más comprendida, pero la manía es algo que raya en divino. Es una verdadera chinga vivir en manía si no sabes que es una. Tu conducta es la de una persona completamente fuera de sus cabales, y tú no te das ni color. La manía viene acompañada de sentimientos de grandiosidad, de temeridad, de omnipotencia. Nada es imposible. Las ideas bullen. La creatividad se dispara. El tren de pensamiento es acelerado. No hay cansancio. Todo es hermoso, aunque no lo sea. El lado oscuro de la manía son los arranques de ira, la agresividad, las situaciones de riesgo como gastar tanto dinero hasta endeudarse considerablemente, la adicción al alcohol, las drogas y el sexo, y en casos más graves los brotes psicóticos. Todo esto lo viví varias veces. Mis depresiones son profundamente desgarradoras. He nadado en un mar incesante de emociones intensas desde que era una niña. El suicidio ha rondado mi existir tres veces. Pero sin la manía soy un simple mortal y eso no me viene bien, sinceramente.

Toda mi vida está un tanto confusa debido al hecho de que mi cerebro entró en crisis cada cierto tiempo y que soy escritora. Es verdad que a veces me siento como la guionista de mi propia vida. Me pierdo en la fantasía, con los personajes y las historias… pero tengo gente a mi lado que me regresa una y otra vez a la realidad y me recuerdan que la vida no es una novela.

Usé la última manía que tuve hace seis años como catalizador para crear. En cosa de siete meses escribí una novela y este blog nació gracias a esa manía. Hace tres años intenté inducirme una manía para escribir más novelas, pero no lo logré. Y es muy probable que no vuelva a vivir una manía y ésa es la razón de mi duelo. Entender que nunca más seré esa máquina creativa que raya en genio no ha sido fácil para mí. Tantos años viviendo constantemente en manía, y casi que por ella, y ahora todo está en calma y sereno, a tal grado de que a veces no me reconozco…

No fueron los doctores y las medicinas lo que desaparecieron mis episodios del trastorno bipolar. Fue el haber sanado y resignificado mi pasado. El detonante de mis manías y mis depresiones era mis dos ataques de violencia sexual y la violencia de género que viví por casi dos décadas. El trastorno bipolar sólo era el síntoma de tanta violencia que fue depositada enteramente en mi cuerpo y por algún lado tenía que manifestarse. El cuerpo nunca miente. 

Romper el silencio fue un parteaguas en mi historia y cada vez soy más incómoda porque al hablarle a quien sea de violencia, se dispara en casi todos el recuerdo de las propias violencias que han ejercido y que han sufrido. Porque no se trata de una cuestión de género o de una guerra entre hombres y mujeres. Se trata del sistema que se basa en jerarquías. Donde haya una jerarquía, hay poder y, por consecuencia, el probable ejercicio de la violencia. Este sistema data casi desde el inicio de la vida humana en el planeta y tan no funciona que nos llevó a una situación verdaderamente caótica encaminada a la entropía. Han sido millones de millones de personas las sobajadas por este sistema y se han violado sus derechos humanos a través de la historia. 

Existen narrativas sociales y únicas sobre qué es la violencia y si un acto no cabe dentro de esa narrativa, creemos que no es violencia. Existen tantos tipos de violencia y están tan normalizados que pocos son los que se percaten de que la violencia viste de negro nuestra existencia. La violencia produce sentimientos de culpa, vergüenza y miedo, y esos sentimientos son el gancho con la violencia. La invalidación también provoca que la violencia pase desapercibida. Las víctimas son cuestionadas y silenciadas. De estas cosas no se habla y así la violencia se convierte en algo casi invisible. 

Los trastornos mentales son muy parecidos entre sí y, aunque siempre son multifactoriales, cada vez estoy más convencida de que la violencia y los traumas tienen un vínculo muy íntimo con todos esos trastornos, y me parece que es más sencillo aceptar un trastorno mental que aceptar la violencia y los traumas. Uno se resquebraja cuando se da cuenta de que fue víctima de violencia y vivió experiencias traumáticas.

Mi lucha es por el amor y siempre será mi estandarte, pero mi otra lucha es tirar el patriarcado. Espero vivir para verlo y formar parte de la historia. Uno de los pilares de la lucha feminista es lograr una vida libre de violencia para todas las personas.

Pero saber que es muy probable que no viva una manía nunca más me genera sentimientos encontrados y me ha tenido triste por un largo rato ya. Mi trastorno bipolar me antecedía. Todo en mi vida estaba supeditado a mi trastorno y por muchos años fue la historia que me conté en mi cabeza para poder sobrevivir tanta violencia que viví.

Enfrentar y sanar traumas requiere de mucho valor y coraje y sólo por eso la escritura ya no me va a matar. Aunque la escritura es algo que también me salva de mí misma, ya no lo pago con mi vida. Hoy puedo decir que soy sobreviviente y no todos tienen la suerte y fortuna de recibir una oportunidad para rehacer una vida casi aniquilada por la violencia y encontrar la paz por la cual hay que apostar…

Sandra de Uriarte

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Autor: Escritora Sx Bipolar

Creative writer, bookworm, Netflix junkie, cat-lover, ballet enthusiast and tobacco is my fucking addiction...

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