Se rompió el encanto
Bajo el acuerdo de que no habría más sexo entre nosotros (sexo que ni habíamos tenido), me resigné y con un dejo de tristeza, acepté su propuesta de sólo compartirnos y platicar. Los dos somos escritores y tenemos demasiadas cosas en común, así que decidí dejar que todo cayera por su propio peso y, además, no era ni mi pareja como tal. Si alguien respeta el No en situaciones sexuales soy yo, así que la siguiente vez que fui a su casa estaba consciente de que era sólo como amigos. No imaginaba la sorpresa que me tenía preparada la vida.
En medio de una conversación interesante y amena, la verdad no me aguanté y de la nada le pregunté si había una razón en particular por la cual había cancelado el sexo entre nosotros. Su respuesta ni tuvo sentido. Dijo sin decir nada dándome a entender que no le interesaba el sexo con nadie en realidad y estaba enfocado en su vida y proyectos profesionales. Pero entre sus palabras mencionó que eso no significaba que no me quisiera y por primera vez, en casi un año, me soltó varios halagos. Me dijo que era una mina de oro y ni siquiera me había percatado de lo mismo, que era una mujer muy padre, valiente y muy real, que me quería cerca hasta su lecho de muerte. Remató confesando que eso no quitaba que no me diera unos buenos besos. Más confundida no podía estar, pero en ese momento se acercó a mí y comenzó a besarme de manera muy cachonda.
Me dejé llevar y al paso de unos minutos, se separó de mi boca y se levantó al baño. Yo seguía sin comprender como tal sus actitudes, y me mostraba incrédula de que no quisiera sexo, según yo los hombres no dejan pasar la oportunidad de acostarse con una mujer y nosotros teníamos casi un año saliendo. Ni en la adolescencia se tarda uno tanto para coger con alguien, pero no tenía muchas opciones, más que respetar.
Mientras estaba en el baño, le llegaron un par de mensajes. El universo se encarga de hacerte saber lo que necesitas. No toqué su celular, pero para su mala suerte lo dejó justo al lado mío y cuando se iluminó la pantalla, por reacción natural, volteé y alcancé a leerlos. Por respeto a ella, no les cuento qué decían en sí los mensajes, pero dejaban muy claro que con alguien sí estaba teniendo sexo. No tenía la menor duda. Obvio no podía decirle nada, además de que no era mi pareja, no me iba a creer que fue sin intención haber leído esos mensajes. Salió del baño, regresó al sillón, revisó los mensajes y se atrevió a darme más besos después de leerlos. Yo como si nada, me fumé un par de cigarros más, me tomé una cerveza y pedí mi Uber.
Más obsesionada no podía estar, así que esa noche llegué a mi casa y revisé cuidadosamente sus redes sociales sólo para darme cuenta que esta chica apareció en su vida por los mismos días en los cuales él me dijo que ya no podía quedarme a dormir en su casa y ya hasta de viaje se habían ido juntos. Todo me hizo sentido en ese momento, y me ocasionó una gran molestia su omisión y que me subestimara. Yo le pregunté varias veces si había una mujer en especial y siempre dijo que no. Su respuesta común era: «Sí hay varias apuntadas, pero, chamaca, yo soy un borracho, adicto y mujeriego y no me interesa una pareja.» En fin.
A los pocos días amanecí tan tranquila como si nada y al entrar a Facebook me topé con una publicación en la cual estaba etiquetado junto con la chica de los mensajes y con el post se podía asumir que eran pareja. (Ya cuando uno lo anuncia en redes sociales, es formal.)
Monté en cólera y en un arranque de ira, le escribí una carta mandándolo a la mierda con argumentos irrefutables. Le pesaron y ofendieron tanto mis palabras, que acabé siendo la vieja loca. Su respuesta llana fue: «Yo no tengo pareja, aunque así parezca.» (La pendeja soy yo.) Me lastimó mucho con su carta y fue muy duro conmigo. Él se centró en la invasión a su privacidad que supuestamente cometí y hasta me sacó de sus redes sociales diciendo que conmigo eran tres las personas que largaba de su vida, pues cuida mucho su intimidad y que por lo que un idiota publicó (ese idiota es un amigo cercano y así se refirió a él) no tenía que darle explicaciones a nadie y mucho menos cuando huye de las mujeres que muestran una pizca de interés para convertirlo en su pareja. Hubo un par de correos más, un tanto agresivos, hasta que lo paré y le dije que era mejor dejar enfriar las cosas por un tiempo.
Esa obsesión fue el detonante para que cayera en depresión por varias semanas y me di cuenta en esos días desolados de que, por ser tan defensora del amor, soy muy ingenua a veces y pienso que todos saben que lo único que en realidad importa es el amor entre los seres humanos. Creo que todos somos buenos por naturaleza y libremente podemos amarnos.
Si él hubiera sido honesto conmigo, hubiera sido mi decisión quedarme o no a su lado. Pero además de quitarme ese derecho, le dije que no me arrepentía en lo absoluto de mi carta porque en ella le expliqué que al ser feminista reconozco la importancia de la sororidad y si estaba con ella, no podía seguir viéndome a mí. No te coges o quieres coger al hombre de otra mujer. No es válido, al menos no para mí, y el respeto y la unión entre nosotras es lo que nos va a salvar del patriarcado. Además, ni que fuera el gran premio un hombre…
Pasó Navidad y Año Nuevo y ni un mensaje. Lo único que me preocupaba es que teníamos libros uno del otro y eso iba a ser incómodo. Varias semanas después de nuestro pleito epistolar, le mandé otro correo, en el cual le expliqué de manera sincera y breve lo que en mi parecer había pasado entre nosotros (sin pedirle una sola disculpa) y le propuse hacer un intercambio de libros a través de mi mejor amigo.
Se tardó en responder varios días y su correo me lo aprendí de memoria porque sigo hasta la fecha sin creerlo:
«Hola, entiendo lo que dices. Aprecio la honestidad. Si nos vemos de nuevo, será sólo como amigos para platicar. No quiero coger contigo. No quiero dramas, ya la vida tiene suficientes. Yo quiero cosas padres y disfrutar mi vida, no padecerla. Aquí tengo tus libros. A ver si aplica vernos la próxima semana. Felices días mientras.»
Me partió el corazón. Me condicionó. Me rechazó. Me manipuló. No podía creerlo. Le respondí que no quería verlo, todo se había terminado entre nosotros, no me venía bien ser su amiga, no me interesaba en lo más mínimo y le mandaría al chofer de mi hermana para devolvernos los libros. Sólo respondió un O.K. y simplemente así, de ser una de las cosas más padres que tenía en la vida y quererme cerca de su lecho de muerte acabé siendo la vieja loca, acosadora y rogona. Así se terminó una relación de más de un año y ni siquiera logré lo que quería: sexo.
Tras esa ruptura caí en cuenta de su conducta narcisista. El amor a veces enceguece y no pude ver que se alimenta de la atención de los demás, que es egoísta, incapaz de conectarse emocionalmente con alguien más y además necesita tener varias mujeres que le profesen devoción. Es encantador cuando quiere, no sé cómo logré que me dijera algunos Te quiero y no olvidaré algunos halagos que me regaló, pero me di cuenta que el ser presa de Narciso, nos robó la posibilidad de ser amantes y llegué a la conclusión de que debe ser muy triste ser un narcisista, pues al ser incapaz de valorar y cuidar el amor sincero e incondicional que te tienen los otros, no hay forma de entender en realidad el verdadero significado del amor.
Y yo sigo buscando quien me quiera colmar de placer. Así las cosas.
Sandra de Uriarte
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