En una entrada pasada escribí sobre el origen platónico de la otra mitad y la tragedia de la brecha que jamás podrá ser cerrada por completo. No quiero desalentarlos y condenarlos a una vida de desasosiego. Es verdad que hay personas con las que sientes atracción mutua y alquimia, y con las que surge una fuerza que incita a acortar la distancia con el/la otr@. Me ha pasado y me sigue pasando. Lo veo como el anhelo de querer ser comprendid@ y aceptad@. No podemos culparnos por tener esa necesidad, incluso me parece un anhelo muy válido. Estar conectado con alguien es un sentimiento muy bello. El cual tampoco tiene que estar limitado al aspecto de pareja, hay amistades con las que se puede sentir algo así.
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