Un bloqueo creativo para mí significa una sola cosa: dolor. Es bien sabido que los escritores nos quejamos mucho del proceso de escritura y del oficio, no falla la imagen del escritor atormentado o desquiciado buscando la forma más original para contar una historia. Sé que no cualquiera se atreve a nombrarse escritor, pero si no tuviera que atender las trivialidades y actividades rutinarias de la vida, sería una autora prolífica, y no existiría motivo alguno por el cual me separaría de mi computadora. Cuando le doy la vuelta a sentarme a escribir, es porque el dolor es abrumador, la confusión es nauseabunda y el bullicio de ideas es inconmensurable, y me da miedo plasmarlo en palabras y convertirlo en algo eterno… he roto en llanto muchas veces mientras escribo y siento un orificio negro en el pecho que me jala y me devora, aunque el poder catártico de la escritura es muy fuerte, para mí todo cobra sentido a través del discurso narrativo y duele, duele mucho.
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